“Esta fue la culpa de su hermana Sodoma: ella y sus hijas tenían orgullo, exceso de comida y próspera tranquilidad, pero no ayudaron al pobre y al necesitado”. (Ez 16, 48-49)

miércoles, 24 de diciembre de 2014

DIA DEL ENCUENTRO

¡ Hoy nos ha nacido el salvador, que es el mesías, el Señor !

¡ FELIZ NAVIDAD !





El equipo de Católico y Gay les desea una Feliz Navidad, pidiéndole al Dios de la Vida que seamos hoy y siempre lugar de encuentro.

¡ FEliz naviDAD !

domingo, 23 de noviembre de 2014

Cristo Rey ... o el juicio del hambriento



Las fuentes no admiten dudas. Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

¿Cómo nos va a extrañar que, al hablar del Juicio final, Jesús presente la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con él? ¿Cómo nos va a extrañar que se presente identificado con todos los pobres y desgraciados de la historia?

Según el relato de Mateo, comparecen ante el Hijo del Hombre, es decir, ante Jesús, el compasivo, «todas las naciones». No se hacen diferencias entre «pueblo elegido» y «pueblo pagano». Nada se dice de las diferentes religiones y cultos. Se habla de algo muy humano y que todos entienden: ¿Qué hemos hecho con todos los que han vivido sufriendo?

El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos.

El que habla es un Juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicisteis conmigo». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».

Luego se dirige a quienes han vivido sin compasión: «Cada vez que no ayudasteis a uno de estos pequeños, lo dejasteis de hacer conmigo». Quienes se han apartado de los que sufren, se han apartado de Jesús. Es lógico que ahora les diga: «Apartaos de mí». Seguid vuestro camino…

Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.


José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS

sábado, 15 de noviembre de 2014

Dios no está muerto

Hay un tiempo para cada cosa, nos enseña la Biblia. Durante mucho tiempo actué como laico comprometido, y me refiero a más o menos 14 años. Ahora mis actividades son otras, y ya casi no he escrito aquí. He estado más ocupado con las cuestiones de mi demandante trabajo, pero qué más puedo hacer, estoy en la década perfecta para producir y lo estoy haciendo. Por otro lado, estoy muy preocupado con la actual situación política y social de mi país, México. Oren por nuestra patria por favor, necesitamos a Dios más que nunca en toda mi vida.

 Pero ahora, hago este pequeño paréntesis y vengo en este momento para hacer una pequeña reflexión y declarar que DIOS NO ESTÁ MUERTO.

Por lo que le doy enormes gracias, por su Misericordia y su Rigor, pero sobre todo, porque los últimos hechos sucedidos en la Iglesia, en el Vaticano, me demuestran que la lucha que he tenido desde los 18 años de edad ha sido por el camino correcto. La defensa del Amor en el Evangelio. La defensa de los Derechos Humanos.

Gracias a todos nuestros hermanos que nos acompañan en la lucha y que han sido mucho más consistentes y dedicados que yo. Todos aquellos hermanos que se encuentran con este blog y cuyo contenido les ha ayudado, gracias también. Los tengo presentes constantemente en mis oraciones.

¡Que la paz de Dios esté con todos ustedes!

domingo, 26 de octubre de 2014

Dos en uno: Amar Dios “y” amar el prójimo.


Tiempo ordinario. Ciclo a, Mt 22,34-40.


Tanto el escriba fariseo como Jesús a quien pregunta saben que mandamiento es aquello que se cree y hace, pues no hay división entre fe y praxis, ni “ortodoxia” separada de la vida, pues sólo se cree de verdad aquello que cumple. 

"Cuando el escriba pregunta por el mayor mandamiento, suponiendo que es uno, Jesús responde diciendo que hay dos (amar a Dios y amar al prójimo), que son distintos, pero inseparables."

Éstos son los dos primeros (y únicos) artículos del credo, las señales del cristiano: Uno es sobre Dios, otro sobre el prójimo, inseparables ambos, pero distintos en su unidad.


Texto. Mateo 22,34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?”
Él le dijo: “”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.” Este mandamiento es el principal y primero.
El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.”



Se suele decir que este doble mandamiento recoge la experiencia más profunda de la teología israelita, que se funda en el Shema (amar a Dios: Dt 6, 4-9; cf. también Dt 11, 13-21 y Num 15, 37-41) y se abre en el mandato de amar a los demás, como propone Lev 19, 18 y otros textos semejantes de la Biblia.

Este “doble mandamiento” es muy judío, todas sus bases son bíblica, pero un investigador muy riguroso como J. P. Meier, Judío marginal IV, 483-505, ha demostrado que en su forma actual (como aparece aquí) no había sido formulado por ningún judío antiguo. Se trata, según eso, de algo nuevo (muy nuevo) de Jesús, siendo, al mismo tiempo, lo más antiguo.



Ciertamente, la pregunta es buena, aunque pueda haberse formulado con malicia, porque las diversas escuelas judías discrepaban sobre el “primer” mandamiento… (¡lo más importante!) y, además, porque parecía que Jesús no respetaba la unidad de Dios, tal como afirma el Shema: Dios es uno.

Los que así preguntan son hombres cumplidores de los mandamientos y, en contra de lo que suele decirse, su problema no está en que esos mandamientos sean numerosos (más tarde se recopilan 248 positivos y 365 negativos, en total 613), pues muchos resultaban evidentes en aquella sociedad, sino en la forma de “ordenarlos”, destacando lo importante, y entendiendo los demás como una aplicación o consecuencia.

Jesús, dos mandamientos

Le piden que diga el primero, pero él responde diciendo que hay dos, no basta uno:
a. Primero: amar a Dios (dejarse amar por Dios, según el Shema). En este contexto Jesús es plenamente. Mantiene la unidad de Dios por encima de todas las cosas.

b. El segundo es “igual” al primero… y se condensa en un solo mandato: Amar al prójimo como a sí mismo”…

‒ En el fondo de los mandamientos, el fariseo busca el mayor de todos, como si los 613 se pudieran condensar en una misma y única raíz.

‒ Pues bien, Jesús no responde con uno sino con dos, como indicando que al principio no hay un tipo de monismo (sólo Dios o sólo el hombre) sino un dualismo básico, un diálogo entre Dios y los humanos.

Respuesta 1ª. Amar a Dios (con el Shema de Dt 6 y de Mc 12, 28-34).

Jesús responde insistiendo en aquel fundamento del que brota la vida del hombre, diciendo: “escucha”, acoge la voz de Dios. Sólo quién oye bien puede cumplir lo mandado.

– Escucha (hebreo shema’, griego akoue): Déjate amar. Este es el principio de todo mandato: oye, es decir, atiende a la voz, acoge la Palabra, descúbrete querido. En el fondo dice: no te cierres, no hagas de tu vida un espacio clausurado donde sólo se escuchan tus voces y las voces de tu mundo. Más allá de todo lo que haces y piensas, de todo lo que deseas y puedes, está el ancho campo de la manifestación de Dios: abrirse a su voz, mantener la atención, ser receptivo ante el misterio, ese es el principio y sentido de toda religión, esa es la verdad del mandamiento.

El Israel mesiánico (Cristiano) es la Comunidad de aquellos que “escuchan” a Dios, es la Iglesia de Jesús, la totalidad de los hombres y mujeres capaces de recoger amor (dejarse amar, naciendo en amor a la vida). Comunidad de personas que se mantienen atentas, oyendo la misma Palabra: ese es el pueblo (esa es la humanidad) que brota de Dios.

– El Señor, muestro Dios, es Señor único. Pagano (en el sentido negativo) es quien se pierde adorando muchos dioses (ídolos). Israelita, en cambio, es quien sabe a acoger al único Dios (que es “nuestro”, de Israel, siendo universal). La palabra fundante del mandato pide al creyente que “escuche” sólo a Dios, a un Dios que uno (ehad, heis): que se deje transformar por él, que acoja su revelación (que es amor)… y que no crea a ningún otro posible “señor” de los que existen (quieren imponerse) sobre el mundo.

–Amarás… Dios habla desde su propia transcendencia gratificante, como amor… Habla Dios amando todo, y haciendo así que todo sea (como sabe y dice el libro de la Sabiduría, comentando el Shema y el principio de la creación). Pues bien, Dios ha creado al ser humano de tal forma que le hace capaz de responderle, es decir, de escucharle en amor y responderle amando, en comunicación personal. La unidad de Dios es “unidad de amor fundante”. Sólo hay un Dios/Señor (Yavé, Kyrios…) porque hay un amor originario que lo crea y lo sostiene todo. Eso significa que el “poder” es amor (que no hay más poder que el amor), es decir, que el amor todo lo puede, todo lo hace.

Amarás, serás amado

Por eso, decir “amarás” significa decirle al hombre que sea él mismo, que reconozca su identidad y su grandeza, que se atreva a “amar”, es decir, a vivir en libertad creadora, a “recrear el mundo amando”. En ese sentido, amar es liberar: dejar en libertad al hombre, para que sea él mismo, para que se arriesgue a vivir en amor.

En esta perspectiva, el amor del hombre no es el punto de partida (¡no somos nosotros los que amamos primero!), sino una respuesta: Podemos amar porque somos amados. Ese amor no es algo que brota por instinto natural (que no es cosa mala, pero es insuficiente), no es una simple expansión de la especie. Entendido en sentido fuerte, ese amor es gesto de respuesta agradecida, algo que brota cuando se descubre que Dios nos ha ofrecido su palabra y asistencia.

Cuando se dice que Dios es Uno (Ehad, Heis) se está diciendo que es sólo y puro amor. Se está diciendo que no hay otro principio: No hay un odio frente (contra) el amor; no hay ningún tipo de divinidad alternativa (cosmos o destino, dios o diablo…). Sólo el amor es Dios, y sólo hay un Dios (un principio de toda realidad) que es el amor.

Pues bien, frente a todos los restantes “animales” conocidos, el hombre es el único que puede escuchar la voz de amor de Dios, como Gracia y Palabra fundante a la que él pude responder. Como agraciado de Dios, capaz de acoger su palabra/amor y responder, viene a descubrirse aquí el israelita (es decir, todo hombre o mujer que cree).

Mandato 2º Amarás al prójimo. Dos amores consubstanciales

Al lado de ese “primer” mandamiento Jesús ha situado un segundo (deuteros), que ya era conocido, pero que no había recibido la importancia que le da Jesús. Un mandamiento que es segundo (deuteros) y por tanto distinto, pero semejante al primero: “Amarás a tu prójimo…”.

Como el amor es “uno” (agapêseis) y el “objeto” del amor son dos (Dios y el prójimo) se plantea aquí una especie de “consubsancialidad”, esto es, de identificación entre Dios y el prójimo. Éste es en el fondo el mismo tema que plantearán más tarde los concilios de Nicea y Calcedonia:

‒ Concilio de Calcedonia (451): Jesús es Dios y hombre… Siendo un hombre, Jesús es consubstancial a Dios, “homo-ousios”, de la misma ousía, de forma que en Jesús amamos, al mismo tiempo a Dios y al prójimo (dejándonos amar por Dios y el prójimo).

‒ Mt 22, 39: “El segundo mandamiento (amar al prójimo) es igual al primero… (amar a Dios). Ciertamente, la palabra que emplea el evangelio es “homoios” (semejante) y no “homo-“ (igual), de manera que, según las controversias teológicas posteriores, podríamos hablar de un “homoiousios” en vez de un “homoousios”, como se dijo una y otra vez en la disputas arrianas.
Un desbordamiento: del Amor a Dios (Shema) al amor al Prójimo.

En este lugar de desbordamiento creador (donde Dios se hace prójimo) nos sitúa Jesús. Si sólo hubiera la primera parte (escuchar a Dios y responderle) el ser humano podría acabar en un espiritualismo teológico. Pues bien, para superar ese “riesgo”, retomando, pero situando en un lugar nuevo una palabra clave del judaísmo de su tiempo (Lev 19, 18), Jesús interpreta y amplia el amor a Dios diciendo: amarás a tu prójimo como a ti mismo.

La novedad de Jesús está en la fuerza que ha dado al término común agapêseis (amarás: hebreo ‘ahabta) de Dt 6, 5 y Lev 19, 18, uniendo los dos mandamientos (amores) y diciendo que no hay “otro” mayor que estos. Son dos amores, pero forman uno solo, son aquello que el escriba llamaba el primero de todos (prôte pantôn de 12, 28).

a. En ese sentido, con el buen judaísmo, podemos y debemos decir que en el principio está la Unidad: Sólo Dios, sólo un Dios…

b. Pero es unidad aparece, ya desde el principio, como unidad dual “Dios con el prójimo”, es decir, con los hombres. Quizá pudiéramos decir que en el principio está la dualidad: la relación con Dios se vuelve relación con el prójimo, es decir, de persona con persona, en el mundo, en gesto de encarnación.

Elementos del amor al prójimo:

– Amarás al prójimo. Lo primero es amarás a Dios, es decir, al principio de su vida. Pero ese amor resulta inseparable del amor al prójimo, en el que Dios se manifiesta (en el que Dios se encarna). Por eso, quien dice “amar a Dios” (religión) está diciendo “amar al prójimo” (compromiso de solidaridad humana)
– Como a ti mismo. La medida del amor de Dios era no tener medida: experiencia de apertura infinita (con todo tu corazón, con toda tu alma). Pues bien, la medida del amor al prójimo es ahora mi propia medida: Yo mismo soy amor: me amo a mí mismo amando al prójimo y viceversa. En ese sentido hay un amor propio que no es egoísmo sino apertura y solidaridad: No puedo amar al prójimo sino soy amor (si no me amo).
Entre el amor a Dios y al prójimo (y el amor a mí mismo) hay una relación que todo el NT se esforzará por explicitar, desde el anuncio de Reino de Jesús y la experiencia eclesial de la pascua. Por ahora el tema queda abierto. Jesús lo ha planteado de forma general, de manera que cada uno de los grupos judíos lo puede interpretar en clave algo distinta, como indicará el siguiente tema.

Credo fácil, credo exigente

Este credo del amor doble parece fácil y en principio pueden aceptarlo no sólo los cristianos, sino también los judíos, y otros creyentes (budistas, hindúes) e incluso no creyentes, siempre que ‘Dios’ sea símbolo de aquello que define y sustenta en plenitud a los humanos, sabiendo que ha llegado el ‘tiempo’ de la plenitud.
Pero es también un credo exigente, pues implica descubrir al prójimo y amarle (es ‘como yo’). Teóricamente parece más fácil creer en la Trinidad y otros ‘dogmas’ cristianos, judíos o musulmanes, pues lo que ellos piden puede (podría) aceptarse básicamente, sin cambiar vida de los fieles. Pero, de hecho, este mandato de amor al prójimo, unido al del amor de Dios, es más exigente y define toda la vida y acción de los fieles.
Éste es un credo de amor o comunicación y supone que los hombres pueden y deben comunicarse, pues se encuentran fundados en una Gracia antecedente de Amor que es Dios, a quien conciben como principio de toda unión de amor. Este es un credo de comunión inter-humana: el creyente encuentra a Dios como Amor en las raíces de su vida (en su corazón y en su mente), descubriendo que puede y debe amar a los demás como ‘otro yo’, aceptarles como diferentes.

Dos en uno: Amar Dios “y” amar el prójimo.

Fuente: Del blog de Xabier Pikaza

domingo, 21 de septiembre de 2014

Ya no hay cristianos en Irak

Dice Su Santidad que ya estamos viviendo la Tercera Guerra Mundial, pero que esta vez es por etapas y que vienen por nosotros. Todos los seres humanos son nuestros hermanos, pero en Medio Oriente tenemos unos extraños que bajo los preceptos de Mahoma han extraviado el camino. Y aunque al parecer los preceptos de Alá son muy similares a los de Yavé (después de todo solo existe un Dios verdadero), este sector de musulmaenes irakis y sirios han interpretado mal las escrituras.

La sharia Al islamiya (شريعة إسلامية) es la aplicación de la ley islámica en determinado territorio. Si, tal como era con nosotros en los tiempos de la edad media y los sacerdotes tenían una influencia que hoy sería inimaginable en las democracias modernas.

Aplicar la sharia en un país donde su población está de acuerdo con ello está completamente bien, pero el Corán, al igual que la Biblia, puede ser muy peligroso si lo interpretan personas que no comulgan con el espíritu del amor. Este derecho islámico rige la forma de culto al Omnipotente, pero también la moral, las cosas permitidas y las prohibidas y en muchos casos (porque cada país es diferente) funciona como un tipo de código civil.

Hablar del islam llega a ser muy complicado, por lo extenso de sus tradiciones y lugares de influencia, lo es casi tanto como hablar de la cristiandad. Sin embargo, hoy quiero pedir ayuda, porque la sharia puede llegar a golpear a los lectores de este blog en dos sentidos fundamentales.

El primero de ellos es la homosexualidad. El islam tiene una parte de sus raíces en la tradición judeo-cristiana. A tal grado que Adán es reconocido como nuestro primer padre y el primer profeta, pero también lo es Abraham, como padre de Isaac e Ismael, Moisés e incluso Jesus y María figuran en el Corán. Por lo tanto, y estoy dejando de lado muchos factores, la homosexualidad llega a ser penada por el estado con la muerte.

El segundo es el cristianismo. Hace unos párrafos les explicaba que en Irak y Siria hay un grupo de musulmanes que están malinterpretando el Corán, ellos se hacen llamar Estado Islámico de Irak y de Levante (ISIL o ISIS por sus siglas en inglés). Este Estado Islámico es un grupo terrorista altamente influenciado por Al-Qaeda que ha estado conquistando varias ciudades en esos países, pero desafortunadamente tiene muchos representantes en países del mundo como Canadá, Australia, Estados Unidos, México, Argentina y muchos más.

Abu Bakr al-Baghdadi, auto proclamado califa (líder político y espiritual) de todos los musulmanes es su líder, y su pretensión es llevar la religión islámica a todo el mundo aunque sea a precio de sangre. Para demostrar su seriedad han estado matando miles y miles de cristianos que viven en esos territorios. Los asesinatos suelen ser muy violentos, supongo que todos nos enteramos de la decapitación del periodista James Foley y de muchos otros extranjeros. Pero también atacan a aquellos seguidores de Cristo que han vivido en esos países desde hace cientos de años con armas, bombas y toda clase de horrores.

Los terroristas marcaron las casas de los cristianos con la letra árabe Nun (ن), la primera de la palabra nazareno. A partir de ese momento nuestros hermanos en la fe deben escoger de entre varias opciones: convertirse al islam, pagar el jizya (impuesto para los no musulmanes), huir o ser asesinados. Hasta el mes de julio de 2014 Mosul fue la ciudad iraki con mayor cantidad de cristianos desde los tiempos antes de que existiera el Islam. Hoy, todos han huído o muerto, mientras en occidente muy pocos dicen algo al respecto.

Estados Unidos y Francia ya están atacando al Estado Islámico, porque la amenaza que extienden es mundial. Personalmente, creo que las armas no son la solución para este conflicto. Estamos hablando de algo muy grande, en donde hay más de cien mil seres humanos asesinados y desplazados. Hablamos de una crisis humanitaria causada nuevamente por la mala interpretación de la religión y el egoísmo de unos locos.

Es necesario levantar la voz. En las redes sociales, algunos orgullosos de ser cristianos, están poniendo la letra Nun en sus fotos de perfil, para apoyar a sus hermanos de Medio Oriente y para presionar a sus autoridades locales a condenar al ISIS, se están uniendo en causas tales como "Ofrece asilo a un cristiano" o www.persecution.org, pero de nuevo, en América Latina no estamos haciendo nada.

Como siempre lo he dicho, es necesario que desde nuestras trincheras hagamos lo que podamos. Donar dinero, informarnos e informar sobre este genocidio, orar, Etc. Las acciones pueden ser muchas, pero aun son muy pocas. Ayudemos a nuestros hermanos según nuestras posibilidades, pero ayudemos ya, por amor de Dios.

domingo, 8 de junio de 2014

Pentecostés, de la fiesta al gozo.

Nos preparamos para celebrar la fiesta del amor de Dios ya culminado, la fiesta de su Espíritu, la Vida de Dios, que Jesús nos ha dado.

desde ahora, para los cristianos, el Espíritu se identifica con la obra de Jesús, con su proyecto de reino, expresado como buena nueva de evangelio - See more at: http://www.cristianosgays.com/#sthash.K9YJMjsV.dpuf

San Juan de la Cruz vivió esta fiesta, y penetrando en ella dijo:

El rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado entre azucenas olvidado.

Reclinó su rostro, se dejó llenar por el latido y el aliento del Amado, y supo que todo se había ya cumplido. Ésta es la fiesta de la Vida que se expresa y expande por Jesús, la fiesta del gran gozo todo lo transforma y que vence a la muerte.

De Dios venimos, en  Dios Nacemos. Formamos parte de la historia humana de Su Espíritu. Felices los que lo sepan (lo sepamos), felices los que podamos vivir para que se exprese y se expanda en el mundo el Espíritu Santo de Dios.




De Dios venimos, en Dios nacemos. Formamos parte de la Historia humana de su Espíritu. Felices los que lo sepan (lo sepamos), felices los que podamos vivir para que se exprese y expanda en el mundo el Espíritu de Dios. - See more at: http://www.cristianosgays.com/#sthash.K9YJMjsV.dpuf
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Es la fiesta del que dice ¡Ya Señor,no sigas pero sigue, que no puedo, y necesito poder , pues se rompen los vasos de gozo de mi vida y sólo así soy yo mismo, en ti que me das la vida. Ésta es la fiesta del que sale de sí, porque le sacan (ek-stasis de amor), descubriendo y sintiendo así que vive en otro, en el Dios que le da vida. - See more at: http://www.cristianosgays.com/#sthash.K9YJMjsV.dpuf
Es la fiesta del que dice ¡Ya Señor,no sigas pero sigue, que no puedo, y necesito poder , pues se rompen los vasos de gozo de mi vida y sólo así soy yo mismo, en ti que me das la vida. Ésta es la fiesta del que sale de sí, porque le sacan (ek-stasis de amor), descubriendo y sintiendo así que vive en otro, en el Dios que le da vida. - See more at: http://www.cristianosgays.com/#sthash.K9YJMjsV.dpuf

sábado, 19 de abril de 2014

Eligiendo la Vida.

“Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”


Los evangelios han recogido el recuerdo de tres mujeres admirables que, al amanecer del sábado, se han acercado al sepulcro donde ha sido enterrado Jesús. No lo pueden olvidar. Lo siguen amando más que a nadie. Mientras tanto, los varones han huido y permanecen tal vez escondidos. El mensaje, que escuchan al llegar, es de una importancia excepcional. El evangelio más antiguo dice así: “¿Buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado”. Es un error buscar a Jesús en el mundo de la muerte. Está vivo para siempre. Nunca lo podremos encontrar donde la vida está muerta.
No lo hemos de olvidar. Si queremos encontrar a Cristo resucitado, lleno de vida y fuerza creadora, no lo hemos de buscar en una religión muerta, reducida al cumplimiento externo de preceptos y ritos rutinarios, o en una fe apagada, que se sostiene en tópicos y fórmulas gastadas, vacías de amor vivo a Jesús. Nunca lo podremos encontrar donde la vida está muerta.
Entonces, ¿dónde lo podemos encontrar? Las mujeres reciben este encargo: “Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. ¿Por qué hay que volver a Galilea para ver al Resucitado? ¿Qué sentido profundo se encierra en esta invitación? ¿Qué se nos está diciendo a los cristianos de hoy?
En Galilea se escuchó, por vez primera y en toda su pureza, la Buena Noticia de Dios y el proyecto humanizador del Padre. Si no volvemos a escucharlos hoy con corazón sencillo y abierto, nos alimentaremos de doctrinas venerables, pero no conoceremos la alegría del Evangelio de Jesús, capaz de resucitar nuestra fe.
A orillas del lago de Galilea, empezó Jesús a llamar a sus primeros seguidores para enseñarles a vivir con su estilo de vida, y a colaborar con él en la gran tarea de hacer la vida más humana. Hoy Jesús sigue llamando. Si no escuchamos su llamada y él no va delante de nosotros, ¿hacia dónde se dirigirá el cristianismo?



Por los caminos de Galilea se fue gestando la primera comunidad de Jesús. Sus seguidores viven junto a él una experiencia única. Su presencia lo llena todo. Él es el centro. Con él aprenden a vivir acogiendo, perdonando, curando la vida y despertando la confianza en el amor insondable de Dios. Si no ponemos, cuanto antes, a Jesús en el centro de nuestras comunidades, nunca experimentaremos su presencia en medio de nosotros.

Si volvemos a Galilea, la “presencia invisible” de Jesús resucitado adquirirá rasgos humanos al leer los relatos evangélicos, y su “presencia silenciosa” recobrará voz concreta al escuchar sus palabras de aliento.
¡Que la fuerza de Jesús resucitado nos llene de valentía y libertad para proclamar nuestra fe en Él!

“Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”

Dios apostó por la vida. Elijamos la vida.



Por: José Antonio Pagola