“Esta fue la culpa de su hermana Sodoma: ella y sus hijas tenían orgullo, exceso de comida y próspera tranquilidad, pero no ayudaron al pobre y al necesitado”. (Ez 16, 48-49)

domingo, 8 de abril de 2012

SI NOSOTROS NO RESUCITAMOS, NUESTRA FE ES VANA

Domingo 08 de Abril de 2012


“La fe pascual consiste en que el corazón ilumina los ojos hasta ver que Dios es siempre compañía de la vida, sobre todo cuando es crucificada".


PRIMERA LECTURA
Hech 10, 34. 37-43
SALMO
Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23
SEGUNDA LECTURA
Col 3, 1-4
EVANGELIO
Jn 20, 1-9



La realidad pascual es, tal vez, la más difícil de reflejar en conceptos mentales. La palabra Pascua (paso) tiene unas connotaciones bíblicas que pueden llenarla de significado, pero también nos pueden despistar y enredarnos en un nivel puramente terreno que nada nos dice de lo que estamos celebrando. Lo mismo pasa con la palabra resurrección, también ésta nos constriñe en una connotación de vida y muerte biológicas, que nada tiene que ver con lo que pasó en Jesús y con lo que tiene que pasar en cada uno de nosotros.

La exégesis lleva muchos años aportándonos elementos de juicio que pueden ayudarnos a interpretar lo que quieren decir los textos. Reconozco que su principal tarea es negativa, es decir, nos indica los errores que hemos cometido al interpretar los relatos, por no tener en cuenta la manera de hablar de la época. Pero aún así, sus aportaciones son valiosísimas, porque nos obligan a intentar nuevas maneras de entender los textos, que pueden acercarnos al verdadero sentido de lo que nos quiere decir el NT.

La Pascua bíblica fue el paso de la esclavitud a la libertad, pero entendidas de manera material y directa. También la Pascua cristiana debía tener ese efecto de paso, pero en un sentido completamente distinto. En Jesús, Pascua significa el paso de la MUERTE a la VIDA; las dos con mayúsculas, porque no se trata ni de la muerte física ni de la vida biológica.

El evangelio de Juan lo explica muy bien en el diálogo de Jesús con Nicodemo. “Hay que nacer de nuevo”. Y “De la carne nace carne, del espíritu nace espíritu”. Sin este paso, es imposible entrar en el Reino de Dios.

Cuando el grano de trigo cae en tierra, “muriendo”, desarrolla una nueva vida que ya estaba en él en germen. Cuando ya ha crecido el nuevo tallo, no tiene sentido preguntarse qué pasó con el grano. La Vida que los discípulos descubrieron en Jesús, después de su muerte, ya estaba en él antes de morir, pero estaba velada. Solo cuando desapareció como viviente biológico, se vieron obligados a profundizar. Al descubrir que ellos poseían esa Vida comprendieron que era la misma que Jesús tenía antes y después de su muerte.

Teniendo esto en cuenta, podemos intentar comprender el término resurrección, que empleamos para designar lo que pasó en Jesús después de su muerte. En realidad, no pasó nada. Con relación a su Vida Espiritual, Divina, Definitiva, que no está sujeta al tiempo ni al espacio, por lo tanto no puede “pasar” nada; simplemente continúa. Con relación a su vida biológica, como toda vida era contingente, limitada, finita, y no tenía más remedio que terminar. Como acabamos de decir del grano de trigo, no tiene ningún sentido preguntarnos qué pasó con su cuerpo. Un cadáver, no tiene nada que ver con la vida.

Pablo dice: Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana. Pero pensemos que un Jesús en cuerpo, saltando de la ceca a la meca, atravesando paredes y puertas cerradas, para colocarlo después en el cielo a la derecha de Dios, no nos serviría de gran cosa. Yo diría: Si nosotros no resucitamos, nuestra fe es vana, es decir, vacía.

Aquí debemos buscar el meollo de la resurrección. La Vida de Dios, manifestada en Jesús, tenemos que hacerla nuestra, aquí y ahora. Si nacemos de nuevo, si nacemos del Espíritu, esa vida es definitiva. No tenemos que temer a la muerte biológica, porque no la puede afectar para nada. Lo que nace del Espíritu es Espíritu. ¡Y nosotros empeñados en utilizar el Espíritu, para que permanezca nuestra carne!

Los discípulos pudieron experimentar como resurrección la presencia de Jesús después de su muerte, porque para ellos, efectivamente, había muerto. Y no hablamos sólo de la muerte física, sino del aniquilamiento de la figura de Jesús. La muerte en la cruz significaba precisamente esa destrucción total de una persona. Con ese castigo se intentaba que no quedase nada de ella, ni el recuerdo.

Por esta razón es muy problemático el relato de un entierro de Jesús por unos desconocidos. Los que le siguieron entusiasmados durante un tiempo, vieron como se hacía trizas su persona. Aquel en quien habían puesto todas sus esperanzas, había terminado aniquilado por completo. Por eso la experiencia de que seguía vivo, fue para ellos una verdadera resurrección.

Hoy nosotros tenemos otra perspectiva. Sabemos que la verdadera Vida de Jesús, la divina, no puede ser afectada por la muerte física, y por lo tanto, no cabe en ella ninguna resurrección. Pero con relación a la muerte biológica, no tiene sentido la resurrección, porque no añadiría nada al ser de Jesús. Como ser humano era mortal, es decir su destino natural es la muerte. Nada ni nadie puede detener ese proceso, que no es de destrucción sino de maduración.

Cuando vemos la espiga de trigo que está madurando, ¿a quién se le ocurre preguntar por el grano que la ha producido y que ha desaparecido? El grano está ahí, pero desplegado en todas sus posibilidades de ser, que antes sólo eran germen.


Fray Marcos
    Publicado en  FE ADULTA

lunes, 2 de abril de 2012

El hombre del cántaro.


El primer personaje del evangelio que sale del armario.

Nos dice el autor que dedica este artículo al grupo de personas gays a quienes las iglesias cristianas deben una reparación por haberlas denostado por siglos. Salvador Santos, autor de “Un paso, un mundo”, es especialista en exégesis de Marcos, discípulo y colaborador de Juan Mateos. Hoy empieza una colaboración en ATRIO, que espero sea muy duradera y provechosa.

Hay personajes del evangelio cuya notoriedad ha sobrepasado los márgenes del texto donde se recogen sus actuaciones. Son figuras históricas o virtuales de rango universal, tales como Lázaro, la Hemorroísa, la Samaritana, Jairo, María Magdalena, Pedro, Zaqueo… Junto a estos actores de primera fila, otros, sin rostro, ni protagonismo residen arrinconados en los estantes menos visibles del relato evangélico. Uno de los más desconocidos es el Hombre del Cántaro.

El Hombre del Cántaro pasa inadvertido la mar de las veces. Su paso por la escena es visto y no visto. Una aparición tan efímera en el texto explica que los lectores apenas nos hayamos fijado en él a pesar de que le nombran dos de los tres primeros evangelios. Para indagar en su identidad y estar al tanto del papel que desempeña seguimos la lectura de Marcos, la fuente principal:

12. El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron sus discípulos:
-¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua? 13. Él envió a dos de sus discípulos diciéndoles: -Id a la ciudad, os encontraréis con un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, 14. y donde entre decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está mi aposento, donde voy a celebrar la cena de Pascua con mis discípulos?”. -15. Él os mostrará una sala en alto, grande, alfombrada, dispuesta; preparádnosla allí. -16. Salieron los discípulos, llegaron a la ciudad, encontraron las cosas como les había dicho y prepararon la cena de Pascua. (Mc 14, 12-16).

12. El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual La narración comienza con dos datos temporales contradictorios. Las dos fiestas, la de la Pascua y la de los Panes Ázimos (mazzots), coincidían en su fecha de celebración por razón de que rememoraban un único acontecimiento, la liberación de la esclavitud en Egipto. Pascua y Ázimos comenzaban al iniciarse el día 15 de nisán, es decir, al anochecer del 14, según el modo judío de contar el día: de puesta a puesta de sol. El cordero, elegido el día 10, debía ser macho, de un año y sin mancha ni defecto. Se sacrificaba en el recinto del templo entre las 2,30 y las 5,30 del mediodía del 14. Nadie salvo un no judío desconocedor absoluto de las fiestas podría afirmar, como hace aquí Marcos, que el cordero pascual se sacrificaba el día primero de los Ázimos.

 Marcos conocía a la perfección cada momento de las fiestas. Anteriormente había dado cuenta de su cercanía (14,1). ¿Por qué, entonces, esa incongruencia tan evidente y manifiesta? Los muchos intentos por explicarla no resultan convincentes. Cabe, pues, pensar en el recurso típicamente suyo de utilizar dos datos temporales contradictorios (1,32; 4,35) como invitación al lector a hacer un alto en la lectura y dirigir su mirada hacia la situación que ha motivado los hechos.

Acerquémonos a ellos: Nuestro autor, Marcos, ha destacado previamente la ansiedad de la aristocracia sacerdotal y de los máximos representantes de la ideología oficial por prender a traición a Jesús con el fin de darle muerte antes del inicio de los festejos (14,1-2). Él disfruta tranquilo en casa de un marginado. En ese escenario una anónima mujer le muestra con un desbordante amor que acepta su proyecto hasta las últimas consecuencias. La entrega de la mujer desata la tensión en los discípulos, que interpretan su gesto como exagerado e inútil (14, 3-8). El grupo de seguidores no sale de sus coordenadas nacionalistas y demuestra una escasa adhesión al proyecto del Galileo. El desacuerdo desemboca en la traición de uno de los Doce. Los dirigentes sacarán partido de las divergencias. Ha fraguado la complicidad y los instintos criminales entran en ebullición (14, 10-11). Los acontecimientos parecen precipitarse.

Le dijeron sus discípulos: ¿Donde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua? En medio de esa atmósfera de arrebato, con las fiestas echándose encima, los discípulos toman la iniciativa. Ellos daban por hecho que la celebración de la cena de Pascua al modo tradicional entraba en los planes del Galileo y le urgieron, por tanto, a que determinara el escenario de la capital donde convendría llevarla a cabo. El ambiente festivo, donde la conciencia de pueblo alcanzaba su punto de efervescencia, propiciaba la costumbre de que los habitantes de la ciudad brindaran gratuitamente locales y terrazas de sus domicilios a las decenas de miles de peregrinos venidos a Jerusalén para la ocasión. En cada estancia se reunían por término medio entre diez y veinte comensales.

Llama la atención en la pregunta de los discípulos su sentido restrictivo: a prepararte (lit. para que comas), cuando se esperaría una propuesta en plural (siguiendo la literalidad: para que comamos). ¿Qué se esconde tras esa formulación en singular? El grupo observó la cena de Pascua como la mejor oportunidad para que él aceptara por fin los sagrados ideales mesiánicos trazados en el Antiguo Testamento. No había mejor ocasión para que asumiera el liderazgo de un movimiento popular contra el imperio dominante. Ése debería ser su momento; ésa sería su Cena, la que inauguraría la nueva Pascua. A tal fin los discípulos se ofrecieron como servidores incondicionales.

13. Él envió a dos de sus discípulos diciéndoles: - Id a la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, 14 y donde entre decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está mi aposento, donde voy a celebrar la cena de Pascua con mis discípulos?”. Pero los planes de Jesús diferían de la estrategia de los discípulos y no respondió directamente a su requerimiento. Antes bien, se hizo cargo de la situación y señaló los pasos a dar.

En primer lugar envió a la ciudad a dos de los discípulos. No se mencionan sus nombres; el número dos lo dice todo. Representan a la sociedad alternativa como en 6,7: “convocó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos”. Se emplea el verbo que define una de las características esenciales del grupo: ser emisarios con un encargo de Jesús (Mc 3,14).

La ciudad, centro del poder político, religioso y económico, será el destino de los enviados, pero ni el guión a desarrollar, ni el objetivo a conseguir tendrán que ver con los propósitos de los discípulos. El Galileo no les aportará una dirección precisa, tampoco un itinerario detallado; sí, en cambio, pondrá a su alcance una señal inesperada, dinámica y claramente reconocible cuya estela les conducirá hasta el lugar idóneo. Habrán de coincidir con el Hombre del Cántaro: “os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua”.

El matiz del verbo “salir al encuentro”, sugiere que la iniciativa corresponde al personaje en cuestión (Lc 17,12). El bullicio en un día tan señalado daba para toparse con un hombre cargando cualquier objeto, pero no un cántaro. El cántaro era recipiente propio de mujeres. Ningún hombre habría tenido la mala ocurrencia de andar por las concurridas calles cargando un cántaro de agua. Además de concentrarse en él, recelosas, todas las miradas, le habrían apedreado sin más. El insólito personaje obliga a los discípulos a dejar atrás sus prejuicios para abandonarse en quien menos confiarían. Las preguntas surgen solas: ¿Quién es ese hombre del cántaro? ¿De dónde ha salido?

Los datos orientan al sentido figurado. Se trata de un ser humano con apariencia de hombre y comportamiento de mujer. Persona y cántaro conforman una unidad. Trasladando su completa imagen a nuestra cultura hablaríamos de un hombre vestido con falda y tacones. Su figura responde a la de un afeminado. No importa su procedencia, sino que está allí. Eso no tiene discusión. Y es como es. Su perfil lo dice todo. Este ser humano será el elegido por Jesús para orientar a los discípulos. Su compostura femenina anuncia que ellos han de invertir su manera de mirar la Pascua.

El hombre-mujer, impensable en la mentalidad judía, rompe los esquemas ideológicos de los enviados. Precisamente eso pretendió el Galileo acudiendo a él como figura representativa, subvertir en el grupo de discípulos unos valores alineados con la violencia nacionalista. Iban descaminados los que subestimaron el gesto de la mujer del perfume. Aquella mujer apuntaba en la buena dirección con su actitud comprometida a amar sin límites hasta entregar la propia vida en favor de los más débiles.

El hombre del cántaro quiebra el orden establecido como natural. Su sola presencia advierte a los enviados de la invalidez de sus códigos de conducta. Sin él, los discípulos carecen de rumbo y destino seguros. El hombre del cántaro les saldrá al paso como la única garantía de hallar lo que buscan. Ellos habrán de trocar ante él sus esquemas mentales. El afeminado aparece en el texto como modelo de discípulo advirtiendo que la sociedad alternativa no se distinguirá por sus privilegios, sino por el insustituible servicio de marcar la ruta hasta el escenario donde se celebrará la definitiva libertad.

La escueta consigna a los enviados no admite dudas: “Seguidlo”. La expresión formada por el verbo “seguir” acompañado de pronombre se usa casi siempre en Marcos para indicar el seguimiento a Jesús (14,54; 15,41). El del cántaro se convierte así en el guía ideal para los discípulos. Hace las veces de Jesús, que se ha identificado con él depositando en el afeminado su absoluta confianza. El hombre-mujer ocupará su lugar y dirigirá a los enviados hacia su destino. Gracias al Galileo, un personaje insignificante ha pasado a ocupar el papel de protagonista. La imagen afeminada del hombre del cántaro en posición tan destacada pudo generar escándalo entre lectores de procedencia judía, lo que explicaría que, en su relato, Mateo suprimiera de un plumazo al personaje y, con ello, su labor de encaminar a los discípulos hasta la casa: “Id a la ciudad, a casa de Fulano…” (Mt 26,18).

 Él tiene allí las puertas abiertas: “donde entre”. El hombre del cántaro no necesita salvoconducto, pertenece a los de la casa. Una vez en ella, el “dueño” pasa a ser el interlocutor válido para los discípulos. El término “dueño de la casa”, sólo utilizado en los tres primeros evangelios, aparece en Marcos esta única vez. Mateo y Lucas lo usan en algunas metáforas y parábolas refiriéndolo a Dios (Mt 13, 27; 20,1.11; 21,33; Lc 14, 21). En otros lugares, Jesús lo utiliza aplicándoselo a sí mismo (Mt 10,25; Lc 13,25).

El dueño de la casa se muestra en este contexto como sujeto en connivencia con el Galileo. El dispone y da acceso al escenario definitivo, el que acogerá a la sociedad del Reino en su momento más crucial. El texto deja suponer que su función se limitará a escuchar y a mostrar el espacio reservado. Sólo a él prestarán atención los discípulos, cuya función se circunscribe a ser fieles transmisores del mensaje del Galileo, al que Marcos presenta dominando en todo momento la situación. Por eso, Jesús les traslada en primera persona la pregunta que ellos deberán plantear con exactitud al dueño de la casa: “¿Dónde está mi aposento…?”, aunque para introducirla, habla de si mismo en tercera persona: “El Maestro pregunta”.

La introducción “El Maestro pregunta” sirve de contraseña al dueño de la casa. Es la única vez en Marcos que Jesús se autodenomina maestro; asimismo también en esta sola ocasión el evangelista escribe el término con artículo. El dueño de la casa no reconocerá a otro maestro distinto a Jesús. Los discípulos tendrán acceso a la estancia únicamente presentándose como seguidores suyos. Es la aceptación de su proyecto lo que permite el libre acceso al interior de la casa. Los discípulos se verán obligados a dejar atrás sus estrategias y sus objetivos.

Con su interrogante, el Maestro no reclama saber, sino enseñar a los enviados. Son los discípulos quienes deberán mostrar disposición al aprendizaje. Preguntarán por un lugar (¿Dónde…?) respecto al que Jesús conoce bien la respuesta. Él persigue que sus enviados sean llevados hasta el escenario que buscan y puedan observarlo. El término empleado para hablar de ese espacio: “aposento”, no utilizado en Marcos salvo en esta ocasión, tiene el sentido de albergue que invita al descanso tras un largo trayecto. Habla de un lugar concreto, reservado y exclusivo para él (“mi aposento”), acordado de antemano y con unas condiciones especiales para el uso al que se destina. En contraposición al sentido restrictivo del planteamiento inicial de los discípulos: “a prepararte…”, el Galileo ensancha las miras y prevé un escenario abierto a la totalidad de sus seguidores: “voy a celebrar la cena de Pascua con mis discípulos”.

15. El os mostrará una sala en alto, grande, alfombrada, dispuesta; preparádnosla allí. Las indicaciones dadas a los enviados incluyen las características de la estancia que el dueño les enseñará. A ellos incumbe cotejarlas con las condiciones que ellos conocen de antemano. Las cuatro marcas que definen el local están descritas con absoluta sobriedad. De ese modo, concentran la atención sobre ellas y preparan la mente respecto a los hechos que tendrán lugar en el citado espacio.

Se trata de una “sala en alto”. Este término; etimológicamente por encima de la tierra; opuesto a subterráneo  presente únicamente aquí y en el lugar paralelo de Lucas (Lc 22,12), apunta a la idea de que el escenario de la cena supera los propósitos nacionalistas del colectivo de seguidores. “Grande” sugiere desahogo, apertura y gran capacidad para albergar a un amplio universo de adheridos al proyecto. “Alfombrada”  participio perfecto pasivo “extender” [una alfombra], “tapizar”) habla de un sitio acogedor, relajado, idóneo para la libertad (sólo los esclavos comían de pie). Y por último, “dispuesta” asegura reunir condiciones que, además de excelentes, son definitivas. No caben modificaciones en la sala; se halla en su punto para disponer de ella. Quedan únicamente los preparativos propios de la cena a los que los discípulos hicieron alusión: “a prepararte”. Las instrucciones del Galileo se han completado.

16. Salieron los discípulos, llegaron a la ciudad, encontraron las cosas como les había dicho y prepararon la cena de Pascua. El relato termina dando cuenta del cumplimiento del encargo por parte de los enviados, de la exactitud con que lo llevaron a efecto y de la preparación de la Cena de Pascua. Marcos no se interesó en los pormenores de los preparativos, que no eran pocos: sacrificar el cordero en el templo, elaborar los panes sin levadura, hacer la ensalada, preparar la mesa para todos los comensales, colocación de los accesorios), sí, en cambio, trabajó con extremo cuidado las coordenadas en las que encuadrar una cena que de ningún modo coincidirá con las ambiciones de los discípulos.

El dueño de la casa admitirá exclusivamente las instrucciones del Maestro. A ellas se ceñirán también los discípulos (término usado en cuatro ocasiones señalando su sentido universal). El Galileo marcará las pautas a seguir. El papel de guía lo desempeñará el hombre del cántaro, el primer personaje del evangelio salido del armario.

domingo, 1 de abril de 2012

Domingo de Ramos 2012

Procesión de las palmas: Mc. 11, 1-10 Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Primera Lectura: Is. 50, 4-7 El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento.
Salmo: Salmo 21 Dios mio, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?
Segunda Lectura: Fil. 2, 6-11 Se humilló a sí mismo y por obedencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz.
Pasión de nuestro Señor Jesucristo: Mc 14, 1-15, 47

Hoy empieza la Semana Santa. El mejor tiempo en que los cristianos podemos entrar en profunda comunión con nuestro Señor Dios. Reflexionar acerca de su Pasión y Muerte, pero sobre todo su Resurrección. Es Domingo de Ramos, o como anteriormente se llamaba, Domingo de Pasión. Hoy escuchamos dos lecturas del Evangelio. Hoy, con principal énfasis, la Iglesia nos recuerda, y se recuerda a sí misma, que debemos volver al Evangelio. Escuchar las palabras de Jesús y conocer sus actos para saber cómo actuar ante las circunstancias que se nos presentan en la vida.

Podemos saber que hay que hacer oración y desapegarnos cuando perdemos a un amigo muy querido, así como él perdió a Lázaro. Puede que para nosotros sea difícil, pero para él también lo fue. Todos pasamos por periódos de alegría y de gloria en nuestra vida. En momentos estamos felices, y tras algunas circunstancias nos ponemos tristes. Es el ciclo de la vida. Y sabiendo que estamos cerca de Dios, no queda más que orar y seguir adelante.

Si leemos el Evangelio también podemos descubrir que hay que disfrutar los momentos de felicidad al máximo e incluso mejorarlos si es posible, como en las bodas de Caná. Donde Jesús y su Madre disfrutaban y seguramente se habían unido a la alegría de los invitados y de los novios. Y cuando se presentó la oportunidad, en otra manifestación de la acción del Espíritu de Dios, María adelantó el momento de su hijo y el agua se convirtió en vino mejor que el del principio. Y aprendemos que debemos hacer mejores los buenos momentos, para fortalecernos cuando lleguen los amargos.

Y leyendo el Evangelio de la bendición de las palmas, también aprendemos que la alabanza y la adoración a Dios son una parte muy importante de todo este proceso. Por supuesto, no son lo principal. Dios glorificó a su Hijo en la Cruz, y toda acción es fundamental en el proceso de vida cristiana. Pero antes, el pueblo aclamó a Jesús, de la misma forma en que nosotros debemos hacerlo durante toda la vida, pues la alabanza y la oración nos mantienen en estrecho contacto con Dios y predisponen la luz y guía del Espíritu Santo en nuestras vidas. 

Ahora enfoquémonos en un hecho. Jesús es recibido con palmas a la entrada de Jerusalén unos días antes de ser llevado al Calvario. Y es aquí donde las palmas que hoy tomamos entre nuestras manos adquieren un doble significado. En la cultura judía de principios de la era cristiana, los ramos eran signo de majestad, de gloria, de grandeza. Cuando recibimos a Jesús con nuestras plantas en las manos, lo proclamamos Rey de nuestras vidas, tal como los judíos pretendieron al reconocerlo consciente o inconscientemente. Y si la muchedumbre se callara, las piedras hablarían

Pero también las palmas son signo del martirio entre los católicos. Tomar una palma el Domingo de Ramos para aclamar a Jesús con Hosanas puede ser una confesión de fe y un acto profético, en el que declaramos que daremos hasta la vida por defender la proclamación que hacemos ese momento. Pero detengámonos aquí un momento. Para nosotros, el martirio se relaciona con torturas y muertes ocasionadas generalmente por los jefes de diferentes estados a cristianos que defendieron su ideal. Para esos cristianos, según los relatos de sus historias, no fue ni doloroso, ni tuvieron miedo. El Espíritu de Dios siempre los iluminó y protegió, puesto que estuvieron en oración. Pero no tiene que ser así para nosotros, en una sociedad donde ya todo es más libre. Dar la vida también puede significar enfocarnos en ser mejores cada día.

Nadie debería tener que martirizarnos por elegir nuestra ideología y defenderla. Y quien lo haga, estaría cayendo en un terrible error, y aún así, el Evangelio nos enseña que debemos pedir el perdón para ellos, pues seguramente no saben lo que hacen. 

Pero la lección más importante aquí, debe ser la humildad. "Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos" e incluso, a diferencia de los reyes y gobernantes, que usaban caballos, él decidió usar un burrito para entrar a Jerusalén entre proclamas y vítores. Una acción que sin duda resultó irritante a las autoridades, pero que tenía que ser así para demostrarnos que las cosas de este mundo aquí se quedarán y que su uso es sabío solo si se aplica para hacer de éste un mejor mundo.

Ya nos enfocaremos el Viernes Santo en el hecho de la Pasión. Por hoy, solo nos queda aclamar al Señor y recibirlo con palmas y hosanas en lo más sagrado de nuestros templos, nuestro corazón.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Primer Domingo de Adviento

Primera Lectura: Is. 2, 1-5
Salmo: 121
Segunda Lectura: Rom. 13, 1-14
Evangelio: Mt. 24, 37-44


Hermanos:

Les envío un caluroso saludo en Cristo y en su Madre María.

Es para mí un gusto decir ¡Feliz Año Nuevo Católico!, y con este día iniciar la segunda temporada de este blog. La entrada de hoy será muy breve, pues hay que construir y reconstruir el blog de nuevo. Pero por lo pronto concienticémonos acerca de una cosa muy importante. Estemos atentos, porque nadie sabe el día ni la hora en que ha de venir el Hijo de Dios. En lo que a nosotros respecta, adelantemos nuestros relojes y hagámoslos que estén sincronizados con la hora de Dios. Porque cada uno de esos pequeños que está allá afuera con hambre, frío, enfermedades y muchas circunstancias adversas es Jesús, que ya está aquí y se acerca. Cada vez que hacemos algo por ellos, lo hacemos por Cristo.

Es tiempo de reflexión, de introspección. La Navidad está cerca. Revisemos nuestros corazones. Descubramos cuántas veces en un día se nos ha ido Jesús y ni siquiera le hemos dado una sonrisa. Sé que no podemos alimentar a todos los niños de la calle, ni vestir a todos los vagabundos... pero ¿acaso podemos ser amables con ellos?, ¿no despreciarlos?

Incluso, cómo reaccionamos cuando somos atacados por nuestra situación natural: ¿Atacamos de vuelta o perdonamos? Pues un perfeccionamiento en ese sentido, también es una excelente forma de preparar nuestro corazón como el pesebre al que Jesús cada día quiere llegar para nacer. Recordemos que cuando perdonamos y bendecimos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo a nuestros enemigos vamos despertando en ellos un cambio, y al final pueden ser hasta nuestros mejores amigos. Pero al igual que Jesús en la Cruz, tenemos que perdonar a los que nos ofenden.

jueves, 22 de septiembre de 2011

1a temporada

Hermanos, hermanas:

Todo tiene un principio y un fin. Puesto que es mi deseo seguir publicando para compartir con ustedes las luces que me otorga el Espíritu de Dios para escribir este blog, les informo que damos fin a la primera temporada de "Católico y Gay", en espera de que pronto podamos iniciar con la segunda.

Y es que en este momento atravieso un proceso personal de maduración y crecimiento muy fuerte. Por lo que pido sus oraciones por mí y por todas las personas que están en este proyecto.

Sin embargo, les aviso que la revisión semanal del correo electrónico gayscatolicos@gmail.com seguirá realizándose con la misma frecuencia para que si hay alguien que necesite comunicarse con la administración del blog, se sienta en la completa libertad de hacerlo sabiendo que su correo será leído y contestado a la primera oportunidad.

Les digo hasta pronto y deseo que Dios nuestro Señor los bendiga y la Virgen los acompañe en cada momento de su vida.

martes, 6 de septiembre de 2011

El Papa que hasta un ateo desearía

Sin temor a equivocarme. Ayer leí esto y hoy, nadamás de pensarlo, todavía se me enchina la piel ante esta utopía.

Por Feliciano Mayorga

La semana pasada, un hermoso sueño me quitó la paz. Desde ese día, todas las mañanas, al oír el despertador, me abalanzo a la TV y los diarios con la esperanza de ver una nota de prensa que diga algo así como lo siguiente:

17 de Agosto de 2011. «El papa Benedicto XVI ha desaparecido del Vaticano. Los servicios de inteligencia de todo el planeta se afanan en hallarlo con vida. La OTAN está en estado de máxima alerta por temor a que se trate de un magnicidio, tal vez de un secuestro por parte de Al Qaeda. El catolicismo al borde de la guerra».

18 de Agosto de 2011. «Desconcierto internacional. Benedicto XVI ha sido hallado sonriente y sudoroso en Mogadishu, capital de Somalia. Desde un campo de refugiados, acaba de anunciar que iniciará una huelga de hambre en solidaridad con la población hambrienta. Su determinación es mantenerla hasta morir si la comunidad internacional no toma medidas urgentes para acabar con la miseria que asuela el planeta. El mundo escucha atónito la declaración».

19 de Agosto de 2011. «Todo es caos, preocupación e incertidumbre. Se suceden las reacciones oficiales. Nadie sabe cómo interpretar un gesto que viola los protocolos diplomáticos. Las autoridades de las cancillerías europeas y norteamericanas, a la vez que saludan tímidamente el gesto, lo desautorizan como un chantaje inadmisible por parte del líder de una Iglesia. De admitirse podría dar lugar a una serie indefinida de injerencias por parte de otros dirigentes religiosos en el orden político internacional. Le exigen el cese inmediato de la huelga de hambre».

20 de Agosto de 2011. «El Vaticano, presionado por los gobiernos occidentales, ha convocado un conclave urgente y extraordinario para dar respuesta al insólito y perturbador acontecimiento. Se filtra la idea de que el Papa podría haber perdido sus facultades mentales y debería ser incapacitado como legítimo sucesor de Pedro».

21 de Agosto de 2011. «Los mercados han entrado en un estado de pánico generalizado. Las bolsas se desploman. Las multinacionales temen una intervención de la ONU que pudiera limitar sus beneficios a escala global. Los principales centros financieros exigen a los gobiernos una respuesta urgente a la crisis provocada por Benedicto XVI, al que califican abiertamente de comunista e irresponsable».

22 de Agosto de 2011. «Se espera una acción inminente por parte de la OTAN, como respuesta a la demanda de la curia romana, para capturar al sumo Pontífice, devolverlo con vida al Vaticano y realizarle un exhaustivo diagnóstico de salud mental por parte de eminentes psiquiatras. Se especula con un brote de demencia senil. El derecho canónico admitiría in extremis la posibilidad de nombrar un nuevo sucesor si se verifica la grave enfermedad mental del actual Vicario de Cristo».

23 de Agosto de 2011. «La imagen de un Papa despojado de sus pomposas vestiduras, ataviado con las raídas ropas de los nativos y dispuesto a llevar hasta el sacrificio final su compromiso con los más pobres del planeta, ha conmocionado a la opinión pública mundial. Es como un delirio colectivo. La gente se echa a la calle presa de un sentimiento de júbilo, ocupando calles, plazas y parlamentos».

24 de Agosto de 2011. «Todo parece irreal, es como si el mundo hubiera perdido de pronto su gravedad y flotara en un estado de gracia y ligereza. Hay gente por todas partes. Unos lloran de emoción, otros cantan salmos, otros rezan tomados de las manos, otros comparten lo que tienen con los más pobres, otros se abrazan sin motivo, los enemigos se declaran la tregua. Un sentimiento de hermandad surca la tierra. Es indescriptible. Nadie recuerda algo semejante».

25 de Agosto de 2011. «Ante el riesgo de captura del santo Padre, el Dalai Lama, el patriarca de Constantinopla, numerosos imanes y rabinos, y los principales líderes protestantes han decidido sumarse a la huelga de hambre de Benedicto XVI. Se añade cada día una marea de niños, mujeres y ancianos, en cuyo rostro se refleja el orgullo de saber que, al menos por una vez, Dios está de su parte».

26 de Agosto de 2011. «Filósofos e intelectuales afirman que lo que está ocurriendo, tanto si el Papa muere o logra derrotar al hambre, supondrá un punto de inflexión en la humanidad. Su importancia ya se compara con el final del imperio romano, el descubrimiento de América o la derrota del nazismo. Sectores izquierdistas, ateos y liberales se movilizan a favor de los cristianos y el parlamento de Israel ha acordado devolver los terrenos ocupados a Palestina. La historia parece haber perdido su racionalidad. Ningún estudio sociológico, económico o político había previsto un suceso tan enorme ¿Qué está pasando? ¿El mundo se ha vuelto loco?, ¿de amor?».

Conclusión: el Papa es uno de los pocos seres humanos capaces, por su estatus, de realizar tan hermosa quimera. Por eso cada día, apenas me despierto, me lanzo a los kioscos para ver si es hoy está la gran noticia, el día en que el Papa de mis sueños realizará la gesta que salvará al mundo.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Evangelio de Lucas según la Biblia Queer IV

HOSPITALIDAD.-

A las personas “queer” les encanta compartir meriendas y fiestas. Nuestras comidas “queer” – ya sean “lluvia” espontáneas o elegantes banquetes – son un medio de conversación, comenzar y continuar relaciones sociales. El alimento y las conductas mientras se come, son parte de un complejo cultural; cumplen funciones sociales y culturales, además de satisfacer necesidades nutricionales. Construyen y expresan relaciones sociales y valores culturales; su forma puede imitar valores familiares y expresar visiones alternativas de relaciones y familias. Las comidas “queer” a menudo están abiertas a parejas, niños, amigos, amigos de amigos y antiguas parejas. John McNeill observa que la hospitalidad es una virtud “queer”, citando a Henri Nouwen y su definición: “esa virtud que nos permite romper la estrechez de nuestros miedos y abrir nuestra casa al extraño, con el entendido de que la salvación llega a nosotros en la forma de un viajero cansado” (McNeill 1988: 97) Para McNeill, la hospitalidad “queer” se expresa en la parábola del Buen Samaritano, donde el samaritano es un “drag queen” que levanta a un hombre herido en la Calle 42 de Nueva York y ve pasar a un sacerdote católico y a un trabajador social (McNeill 1988: 96) Pero vayamos más allá de lo que hace McNeill. Imaginemos que ese hombre herido es un cardenal católico o evangelista de televisión como Pat Robertson.

La sorpresa llega en el amor demostrado hacia alguien que ha perseguido activamente a la comunidad “queer” y ha instalado un clima de violencia social. Comunica el choque intencional de la parábola del samaritano y el mandato de Jesús, en cuanto al amor a nuestros enemigos. El reino de Dios es radicalmente inclusivo, y Jesús recomienda a su audiencia que imiten al samaritano compasivo, un excluido odiado y despreciado de esa época. La hospitalidad “queer”, de la misma manera, encuentra a Dios presente en el extranjero, el enemigo, o el líder religioso homofóbico.

Las comidas son las metáforas de Jesús para hablar del reino de Dios; expresan la inclusividad de Dios, las reglas de Jesús sobre la hospitalidad son profundamente “queer”; hace un giro a las costumbres y valores judíos sobre la comida para mostrar el reino de Dios. Jesús amaba festejar; se opone al ministerio de Juan el Bautista: “Porque Juan el Bautista no ha venido para comer pan y beber vino, y ustedes dicen que tiene un demonio; el Hijo de la Humanidad ha venido a comer y beber y ustedes dicen: Miren a un glotón y borracho, amigo de los cobradores de impuestos y pecadores” (7.34) Jesús se asocia con cobradores de impuestos y pecadores (7.50; 11.4; 15.7,10; 18.9-14; 19.1-10) Sus comidas son fiestas fuera de lugar para los judíos, con sus agendas estrictas de santidad/pureza, porque transgreden esa etiqueta de santidad/pureza y sugieren algo nuevo, con relaciones fuera de los límites. El perdón que Dios entrega a los pecadores, subvierte el sistema del templo, que ofrece sacrificios de reconciliación con Dios.

¿Cuáles son las reglas de hospitalidad en las comidas de Jesús? Él hace “queer” las reglas de etiqueta, detallando a quiénes no invitar: amigos, parientes, vecinos ricos, y cualquiera que pueda devolver el favor de la invitación (14.12) Los huéspedes invitados son reemplazados por los que nadie quiere: los pobres, los lisiados, el rengo y el ciego (14.13-14) La lista de invitados se repite en la parábola de la Gran Cena, en que el anfitrión pide al servidor que vaya a las calles e invite a las personas marginadas, al banquete (14.21) Aquí, Jesús incluso impacta a algunos anfitriones “queer”, invitando no a los super estrellas, sino a aquellos con cuerpos menos que perfectos y los “nadies queer” No existe la capacidad de reciprocidad ni la posibilidad de mejorar el estatus del anfitrión dentro de esos grupos. El orden social es revertido en el reino de Dios, ya que las comidas festivas de Jesús divide a las familias, pone a sus miembros en diferentes lugares, e invita a todo tipo de personas sospechosas, con lugares sociales excluidos y empleos “queer”. Los extraños se convierten así en “de dentro”, y viceversa. Estas comidas expresan metafóricamente la invitación promiscua de Dios, a la gracia y compasión para todos, y la inversión de la jerarquía. Para Dominic Crossan, las comidas de Jesús crean una visión igualitaria del reino de Dios:

“El reino de Jesús, de “nadies” e indeseables, en el aquí y ahora de este mundo, es seguramente igualitaria y, como tal, hace que las distinciones sexuales y sociales, políticas y religiosas se conviertan en completamente irrelevantes y anacrónicas…Pero la falta radical de diferenciación social permanece como un desafío a todas las especificaciones, interpretaciones y actualizaciones del Reino proclamado por Jesús” (Crossan 1991: 298)

Esta visión igualitaria crea un problema para las fracciones judías que competían con su propia política y santidad, y sus intentos de construir muros y barreras alrededor de la gracia de Dios. La gracia incondicional de Dios todavía permanece “fuera de lugar”, o destructiva para la mayoría de iglesias, donde la doctrina, la conducta aceptada y los “corazones puros” (“sin deseos eróticos”) son necesarios para recibir la comunión...”

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