“Esta fue la culpa de su hermana Sodoma: ella y sus hijas tenían orgullo, exceso de comida y próspera tranquilidad, pero no ayudaron al pobre y al necesitado”. (Ez 16, 48-49)

sábado, 30 de junio de 2012

Buscando el Camino a Uno Mismo

Asumir lo que uno es.
Autor: Joaquín Rocha
Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación
joacorocha05@yahoo.com.ar

El rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.


El roble dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el pino. El pino estaba triste porque no podía dar uvas como la vid. La vid se moría porque no podía florecer como el rosal, que, a su vez, lloraba porque no era fuerte y sólida como el roble.
Entonces, encontró un clavel florecido y lozano como nunca.
El rey le preguntó:
─¿Cómo es posible que crezcas tan saludablemente en medio de este jardín mustio y umbrío?
La flor contestó:
─Siempre pensé que, ya que me plantaste, querías claveles. En aquel momento, me dije: “seré el mejor clavel que pueda”. Aquí me tienes, el más hermoso y bello clavel de tu jardín
(Autor desconocido)




Ser otro, ser uno que no se es tras una máscara preservadora, adoptar un personaje que se supone “encantará” a los demás son una de las tantas conductas que se adoptan por temor a asumir lo que verdaderamente se es.


El “asumir” no habla de tomar conciencia de algo y a partir de ahí comenzar un proceso de modificación donde se potencia lo positivo y se convierte el error en aprendizaje.

Asumir no es aceptar ni resignarse. Quien se resigna se paraliza: “Esto es lo que me tocó. Así es la vida”. Aceptar es conformarse: “Yo soy así. No voy a cambiar”. Adoptar una de estas posiciones nos habla más de ser un espectador de la vida que un actor.

Ser uno mismo es un desafío. Es libertad. Ser otro será lo más parecido a un plagio.

Desde niños se carga con la mochila de mandatos familiares que dicen quién se debe ser. Un “deber ser” alejado de lo que uno realmente es. Es la eterna lucha entre lo culturalmente esperado por los demás y lo que cada uno siente que es.

Una hipocresía teñida de temor que nos obliga a olvidarnos de nosotros mismos y dejarnos arrastrar por una vorágine impuesta desde el afuera que nos llevará a hacer un culto del “tener” que enmascara y abandonar el “ser” que revela lo que realmente somos.

Someterse a una actitud sumisa frente a lo impuesto, frente a condicionamientos o mandatos, dados por la familia y otros deudos sin cuestionarlos nunca, por un lado,  o buscar desesperadamente poseer esa imagen idealizada de lo que los demás esperan de uno, por el otro, condena a la no satisfacción personal. Aunque suene duro, siempre se será una mentira. Se es esclavo de una imagen que no se es.

Si la mentira es la madre de todos los vicios, será bien sabido hacia dónde estará dirigido el proyecto de vida de cada uno. Ocultar lo que realmente se es significa negar la esperanza de una vida mejor.

Si deseo no ser otro que el que soy, debo transformar este deseo en acción. Ser consciente de este proceso es el gran desafío.

El asumir lo que “se es” habla de autoestima que muchos confunden con egoísmo, sin embargo, hasta el mismo Jesús afirma “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Este “como a ti mismo” encierra un acto de amor que no debe ser confundido con la egolatría.

Es la búsqueda de lo esencial, “eso que es invisible a los ojos” y que  hace ser lo que  realmente se es y asumirse como tal.

Complacer siempre las demandas de los otros distancia de la esencia y del camino de la búsqueda de la felicidad que algún día se bosquejó fuera “del mundanal ruido” y en la intimidad de los pensamientos.

Aquel que trabaja con su interior refuerza su identidad, lo cual le permite abrirse a los otros tal cual es. Sin temores. Nada más alejado de relaciones hipócritas y “políticamente correctas”.  
Uno es el que elige: u opta por el miedo u opta por el amor.

Aventurarse a una vida libre de culpas de no ser lo que los otros desean que uno sea implica saber recordar sin que las emociones negativas paralicen. Recordar quién se era, mirar el pasado sin atorarse ni enredarse en él. Por, sobre todo, volver a percibir aquello que se deseó ser y que otorga la posibilidad de gozar de la vida tal cual es.


Entonces, será la vida que uno desea vivir. La que emociona, la que desafía y apasiona. Se podrán identificar propósitos y metas. Solo así, asumiendo con valor lo que realmente uno es, la vida tendrá sentido.





lunes, 11 de junio de 2012

Un Centro de Orientación Familiar Distinto


UN CENTRO DE ORIENTACIÓN FAMILIAR DISTINTO



Para recuperarse de las heridas, para vivir en plenitud.
Desde hace tan sólo   ....... (tiempo?) funciona en nuestro país un centro de orientación familiar distinto. Como tantos otros, en él se intenta ayudar a las personas a vivir y realizarse como pareja. Y, como muchos de ellos, su orientación es cristiana.

Se distingue, sin embargo, por su orientación, decididamente inclusiva. Inclusiva de las distintas confesiones cristianas e inclusiva de los distintos tipos de familia.

Porque el Centro de Orientación Familiar Inclusivo San Lázaro nació como una iniciativa del “Colectivo San Lázaro–Cristianos Homosexuales–LGTB” de Màlaga con el  objetivo de ayudar a las personas LGTB desde una perspectiva cristiana y acogedora de su realidad sexual, brindándoles apoyo en su proceso de noviazgo, matrimonio o rotura de su relación mediante recursos educativos, talleres y acompañamiento espiritual.

Doble estigma
Las relaciones homoafectivas sufren un doble estigma. Por un lado el posible rechazo de la comunidad a la que se pertenece (iglesia, familia, amigos) y por otro rechazo del propio colectivo homosexual.

Las comunidades, en ocasiones, juzgan las relaciones homoafectivas como carentes de amor y fruto de un desequilibrio que hay que “sanar”, a veces incluso a costa de la persona.  Por otro lado, el colectivo homosexual se aferra a la idea fácil del “todo vale”.

Ante esta situación, que les dificulta llevar de una vida normal y equilibrada, los homosexuales cristianos estiman que su lugar se encuentra en el fiel de la balanza: mostrando a unos que la homoafectividad es aceptada y amada por Dios y, a otros, que es posible mantener una relación de compromiso de fidelidad con otra persona.

Así, resulta fundamental entender todo tipo de familia cristiana, sin distinción, como iglesia doméstica, lugar de relación entre Cristo y las personas que se han comprometido en una relación de amor.

 Voluntariado
El Centro de Orientación Familiar Inclusivo San Lázaro no cuenta con ninguna subvención y ofrece sus servicios gratuitamente, de manera desinteresada, a cuantos puedan necesitarlos.

Colaboran en este proyecto, educadores, psicólogos y profesionales de distintos ámbitos. Entre ellos, también sacerdotes y pastores de distintas confesiones que ofrecen ayuda espiritual e imparten la bendición o el sacramento del matrimonio.

 Dónde se encuentran

Actualmente, solamente en Málaga. Pero algunos recursos pueden ofrecerse también en otras ciudades andaluzas, así como en Cataluña, Castilla y León, Galicia y Madrid.

El deseo del Colectivo San Lázaro es expandir la idea de manera que los LGTB puedan encontrar ayuda cerca de su lugar de residencia. Para que esto sea posible, también piden la colaboración de otros voluntarios y entidades.

Si quieres saber más o ponerte en contacto con el Centro de Orientación Inclusivo San Lázaro, puedes hacerlo a través de esta web:


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Sobre el Colectivo San Lázaro
Se trata de un grupo ecuménico –formado por cristianos pertenecientes a tradiciones distintas-, que se reúne en un espacio de encuentro espiritual y en un ambiente de fraternidad, oración y respeto por las diferencias.

Su actividad se centra, fundamentalmente, en la oración semanal, ecuménica y compartida con personas de cualquier orientación sexual, que tiene lugar todos los jueves a última hora de la tarde.

El hecho de formar parte de este grupo no supone un cambio en la identidad eclesial de sus miembros, entre los cuales los hay que están comprometidos con sus iglesias de origen, mientras que otros, considerándose cristianos, se mantienen al margen de denominaciones particulares.

Puedes conocernos mejor accediendo a estas webs:



domingo, 20 de mayo de 2012

Jesús asciende a nuestros corazones


PRIMERA LECTURA
Hech 1, 1-11

SALMO
Sal 46, 2-3. 6-9

SEGUNDA LECTURA
Ef 1, 17- 23

EVANGELIO
Mc 16, 15-20

Ascensión: A la derecha del Padre, en el corazón de los hombres ...

Jesús no se va, sino que queda en la montaña desde la que envía a sus seguidores y les acompaña y asiste hasta el día de la consumación del mundo: Yo estoy con vosotros… Éste Jesús aparece así como el “Dios con los hombres” que aparece en la tradición de la alianza israelita. Esta nueva forma de ser y de estar presente define su compromiso mesiánico, ya culminado en un sentido en la Pascua (Mt 28, 20).

Jesús no se va, sino que está con sus amigos y con todos los hombres, como cabeza que sostiene y vitaliza el cuerpo de la iglesia (tradición paulina), como vida y luz que alumbra a los creyentes (Juan)... No hay según eso Ascensión, sino profundización pascual, una nueva forma de ser y de actuar, en medio de los hombres.


Pues bien, al lado de esas perspectivas, la dogmática cristiana ha resaltado de manera constante y uniforme una visión que, enraizada en el AT (Sal 110, 1), supone que el Kyrios o Señor está sentado, a la Derecha de Dios Padre, en ámbito de cielo, culminada la historia, enviando su Espíritu. Esa es la tradición que aparece al final del Evangelio de Lucas y al principio del libro de los Hechos, la que se ha vuelto dominante en la tradición del “credo” de la Iglesia que dice:

a. Subió a los cielos
b. Y está sentado a la Derecha de Dios Padre…

Estas afirmaciones suscitan las preguntas radicales de la experiencia cristiana: ¿cómo pueden sentarse en un mismo trono el Padre Dios y Cristo Humano? ¿cómo pueden suscitar espacio y tiempo común de salvación para los humanos? Está en juego la posibilidad de hablar de Dios, expresando su sentido en forma humana y la posibilidad de que la encarnación culmine en forma salvadora. Pues bien, ambas cosas se han logrado: Dios asume nuestro espacio y nuestro tiempo en Cristo, de quien podemos y debemos afirmar que se ha sentado junto al Padre.

Como supone el esquema anterior, la historia culmina allí donde Jesús se sienta a la derecha del Padre: ha terminado la marcha, parece que sólo queda el silencio cristológico. Pues bien, sobre ese silencio se eleva la más honda palabra y acción de Jesús: no ha subido al cielo para volver a bajar y ascender, conforme al mito del eterno retorno, comenzando de nuevo el ritmo de renacimientos, sino para expandir y mantener su triunfo para siempre, conforme a la visión israelita y cristiana del mesianismo. Cristo ha muerto una sola vez y para siempre, redimiendo a los humanos (Hebr). Por eso, el pasado no vuelve: ¡He aquí que hago nuevas todas las cosas! (cf Ap 21, 5); la sesión es culmen de la historia salvadora:

– Se ha sentado para descansar.
– Se ha sentado para gozar.
– Se ha sentado para reinar.
– También se ha sentado para juzgar.
– Finalmente, Jesús está sentado para comer y celebrar, en banquete de amor y participación vital.

Así recibe Jesús en intimidad y aperetura universal el poder de lo divino, compartiendo su reino de gracia, fundando un tiempo de entrega y plenitud para los humanos.


En un sentido, la historia humana tiene su propio espacio y tiempo. Pero, penetrando en su más honda dimensión, ella se arraiga en el misterio de la mutua entrega del Padre y de su Hijo Jesucristo en el Espíritu, volviéndose historia trinitaria. Así podemos afirmar que el Cristo sentado realiza una acción y dos acciones (si se permite utilizar un lenguaje tradicional):

– Realiza una sola acción: ha recibido el don de Dios, se ha entregado en favor de los humanos, culminado su camino, en compañía de amor, a la diestra de Dios Padre.
– Realiza dos acciones, una humana, otra divina, inseparables ambas (forman su única persona), a nivel de eternidad divina (generación eterna) e tiempo humano (historia culminada por la pascua).

Esta es la paradoja, el doble lenguaje de la cristología: la misma historia humana de Jesús (sin dejar de ser humana y temporal) es realidad eterna del Hijo de Dios.


Se ha sentado, ha culminado su camino… pero, al mismo tiempo, está presente en el corazón de la historia de los hombres:

– Fatigado con los que se fatigan
– Llorando con los que lloran
– Es el mismo Jesús de la historia, que se realiza en Dios, a la Derecha del Padre, en amor intenso, en compromiso a favor de los demás.

Ir a Dios (sentarse a la Derecha de Dios) no es abandonar la historia, sino vivirla en plenitud, desde el mismo corazón de los hombres, desde la lucha de la historia.

En un sentido se ha ido, pero ir no significa marcharse, sino quedar en el corazón de la historia, como Cristo y Señor, como amigo y hermano, como aquel que fecunda y pone en marcha la historia de los hombres.

Ascensión: A la derecha del Padre, en el corazón de los hombres ...

Aunque todo parece desmoronarse, Jesús el Cristo está presente.

Fuente: Extractos de Xabier Pikaza Ibarrondo






domingo, 6 de mayo de 2012

Unidos a Jesús, la vid, producimos mucho fruto.



PRIMERA LECTURA
Hech 9, 26-31

SALMO
Sal 21, 26-28,30-32

SEGUNDA LECTURA
1Jn 3, 18-24

EVANGELIO
Jn 15, 1-8






¡Queridos hermanos y hermanas!

El evangelio de hoy, Quinto Domingo de Pascua, se inicia con la imagen de la viña. Jesús dijo a sus discípulos: "Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador". A menudo, en la biblia, a Israel se le compara con la viña fecunda cuando le es fiel a Dios; pero si se aleja de Él, se vuelve estéril, incapaz de producir aquel "vino que recrea el corazón del hombre", como canta el salmo 104 (v. 15). La viña verdadera de Dios, la vida verdadera, es Jesús, quien con su sacrificio de amor nos da la salvación, nos abre el camino para ser parte de esta viña. Y como Cristo permanece en el amor de Dios Padre, así los discípulos, sabiamente podados por la palabra del Maestro (cf. Jn. 15,2-4), si están profundamente unidos a Él, se convierten en sarmientos fecundos, que producen cosechas abundantes. San Francisco de Sales escribe: "La rama unida y articulada al tronco rinde fruto no por su propia virtud, sino en virtud de la cepa: nosotros estamos unidos por el amor a nuestro Redentor, como los miembros a la cabeza; por eso es que las buenas obras, portando el valor de Él, merecen la vida eterna" (Trattato dell’amore di Dio, XI, 6, Roma 2011, 601).

En el día de nuestro bautismo, la Iglesia nos injerta como sarmientos en el misterio pascual de Jesús, en su propia persona. De esta raíz recibimos la preciosa savia para participar en la vida divina. Como discípulos, también nosotros crecemos en la viña del Señor unidos por su amor. «Si el fruto que debemos portar es el amor, su premisa es este "permanecer”, que tiene que ver profundamente con aquella fe que no abandona al Señor» (Gesù di Nazaret, Milán 2007, 305). Es indispensable permanecer siempre unidos a Jesús, depender de Él, porque sin Él no podemos hacer nada (cf. Jn. 15,5). En una carta escrita a Juan el profeta, que vivió en el desierto de Gaza en el siglo V, un creyente hacía la pregunta: ¿Cómo es posible tener el hombre la libertad, y a la vez no poder hacer nada sin Dios? Y el monje responde: Si el hombre inclina su corazón hacia el bien y pide ayuda de Dios, recibe la fuerza necesaria para llevar a cabo su trabajo. Por eso es que la libertad humana y el poder de Dios van juntos. Esto es posible porque el bien viene del Señor, pero se realiza gracias a sus fieles (cf. Ef. 763, SC 468, París 2002, 206). El verdadero "permanecer" en Cristo garantiza la eficacia de la oración, como dice el beato cisterciense Guerrico de Igny: «Oh Señor Jesús, ... sin ti no podemos hacer nada. Porque tú eres el verdadero jardinero, creador, cultivador y custodio de tu jardín, que plantas con tu palabra, riegas con tu espíritu y haces crecer con tu fuerza» (Sermo ad excitandam devotionem in psalmodia, SC 202, 1973, 522).

Queridos amigos, cada uno de nosotros es como un sarmiento, que vive solo si hace crecer cada día con la oración, con la participación a los sacramentos y con la caridad, su unión con el Señor. Y quien ama a Jesús, la vid verdadera, produce frutos de fe para una abundante cosecha espiritual. Supliquémosle a la Madre de Dios, para que permanezcamos injertados de forma segura en Jesús, y que toda nuestra acción tenga en Él su principio y su final.

Palabras de Benedicto XVI al introducir el rezo del 'Regina Coeli'.

sábado, 28 de abril de 2012

“Tengo además otras ovejas que no son de este corral”

Domingo 29 - Domingo 4º de Pascua.

Hay una diversidad de comunidades de fe pero una solo hermenéutica, la de Jesús de Nazaret que nos libera de todas las tiranías, aún de la tiranía de la ira de Dios mismo.


PRIMERA LECTURA
Hech 4, 8-12

SALMO
Sal 117, 1. 8-9. 21-23. 26. 28-29

SEGUNDA LECTURA
1Jn 3, 1-2

EVANGELIO
Jn 10,11-18


Resucitó el buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y se entregó a la muerte por su rebaño. Aleluya.

El título de “buen pastor” no se aplicaba a los líderes religiosos sino que era una forma de designar la tarea y responsabilidad de reyes y funcionarios políticos diversos, y seguramente sonó muy extraña y escandalosa a los primeros oyentes ya que no estaban acostumbrados aplicar este título a quienes ejercían funciones religiosas.

Seguramente consideraron como una usurpación de tareas y mezclar el espacio secular con el religioso. Si bien ciertas espiritualidades cristianas han edulcorado tanto en imágenes como en conceptos este afirmación tomada del mundo político,  es importante retornar a su significado original y destacar que el núcleo del Evangelio tiene necesariamente que ver con el mundo político porque los grandes temas de los consensos sociales como justicia, equidad, inclusividad, forman parte esencial de toda proclamación de la buena nueva que anuncia y vive Jesús de Nazaret. Esa sed y hambre de justicia que siempre sobrepasa toda propuesta de gobiernos, partidos y estructuras políticas y las trasciende, es una de las marcas arriesgadas del anuncio del Reino y políticos y religiosos de ese tiempo comprendieron rapidamente el riesgo del crecimiento de una comunidad que asume esta perspectiva política y religiosa.

Esa preocupación por el bienestar de las ovejas lleva al buen pastor a arriesgar su vida por ellas. La cruz acompaña esencialmente el compromiso con la justicia, equidad y solidaridad en inclusividad. Buen pastor y cruz se unen en la tarea de asegurar toda paz fundada en la justicia y toda reconciliación construida sobre la verdad.

Este buen pastor conoce las urgencias de las ovejas  y ese conocimiento es puesto en el nivel de la intimidad de conocimiento que existe entre Jesús de Nazaret y el Dios del Reino.  Esa cercanía, intimidad, convivencia hace que haya un escucharse mutuamente en confianza.

Ser buen pastor es un riesgo porque su tarea principal es enfrentar los diversos lobos que las dominaciones y potestades comerciales, industriales y teológicas envían para confundir con sus muchas voces a las ovejas y a las personas amenazadas de diversas opresiones expresadas en estigmas y discriminaciones de muchos colores.

En oposición a pensamientos excluyentes y con tentaciones nacionalistas y de superioridad racial o hermenéutica, Jesús el de Nazaret, revela que en el plan de Aquel que es el Pastor de los pastores, hay otros rebaños, porque los rebaños son de múltiples colores cual un arcorisis. Es muy posible que al hablar de los otros rebaños el evangelista se refiere tanto a los gentiles, es decir aquellas personas y pueblos que los que se sentían elegidos miraban con desprecio y los consideraban diferentes, extraños y extranjeros. También es muy posible que se refiriera a otras comunidades cristianas diferentes a las formadas teológicamente por el círculo de Juan el evangelista.

Por otro lado, es importante para la construcción de una cristología liberadora asumir que la pasión es una consecuencia paradójica de ese anuncio a quienes los que se sienten dueños de la inclusividad les resulta una blasfemia. El buen Pastor entrega su vida, no porque hay una planificación estratégica divina que ya lo determinaba desde la eternidad sino que es producto de la libre interacción entre dos escuelas interpretativas de las escrituras que en Jesús de Nazaret se hace Palabra viva y encarnada. Hay una diversidad de comunidades de fe pero una solo hermenéutica, la de Jesús de Nazaret que nos libera de todas las tiranías, aún de la tiranía de la ira de Dios mismo.

Indudablemente las comuniones escandalosas de las mesas vividas y propuestas por Jesús de Nazaret van a causar murmuraciones y divisiones en quienes continúan apegados a los esquemas interpretativos del antiguo régimen, pero la fuerza liberadora de esas mismas comuniones se han adueñado de los procesos históricos que a través de tortuosos caminos siempre nos llevan a promover más inclusión, más libertad, más igualdad y más amplias comuniones. El Espíritu nos lleva cada día a ampliar nuestro concepto universal de todos los derechos, dignidades, identidades e inclusiones.

Resucitó el buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y se entregó a la muerte por su rebaño. Aleluya.

Tu bondad y tu gracia nos acompañan a lo largo de nuestras vidas.


Adaptación de Homilía de Lisandro Orlov, realizada en oración con personas con VIH.





sábado, 14 de abril de 2012

Esto que soy, ésto te doy.

Domingo 15 - 2º domingo de Pascua
Fiesta de la Divina Misericordia.

Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.»

PRIMERA LECTURA
Hech 4, 32-35


SALMO
Sal 117, 2-4. 16-18. 22-24


SEGUNDA LECTURA
1Jn 5, 1-6


EVANGELIO
Jn 20, 19-31



Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»

El local cerrado a cal y canto como consecuencia del miedo, delimita el espacio de la comunidad, fuera está el mundo hostil. Como el antiguo Israel, en su éxodo, están atemorizados ante el poder del enemigo.

En el relato vemos a los discípulos encerrados por temor ... a los judíos. Sin embargo los discípulos de hoy día tememos no a los judíos, sino a otras personas (muchos hasta resultan ser familiares y hasta amigos) que nos ayudan a ofrecerle resistencia a ese Señor y Maestro al que en el fondo de nuestro ser queremos seguir. Estos seres a los que tememos nos han ayudado a borrar esa sonrisa , que ha herido muchas veces nuestra manera de ser y, por ello, nuestra manera de creer y de vivir.

Miedos, miedos y más miedos han ocasionado ese encierro y ese alejamiento de nuestra vocación de santos, y a causa de ello, la forma de apartar a Jesús (el Cristo) de nuestro centro ... y a la larga del desplazamiento total.

Los miedos y las  dudas no tienen nada de ilegítimo o escandaloso. La resistencia a creer de Tomás (y de todos los Tomases)  revela honestidad y búsqueda ... Y Jesús le entiende y viene a su encuentro mostrándole sus heridas.

Jesús le invita a profundizar más allá de sus dudas: "No seas incrédulo, sino creyente".

Pero el detalle es exquisito: Jesús aparece en el centro, porque, ahora, Él es para ellos la única referencia y factor de unidad. La comunidad cristiana está centrada en Jesús y solamente en él. No atravesó la puerta o la pared, no recorrió ningún espacio; se hace presente en medio de la comunidad directamente. Y allí también lo encontramos nosotros ... y allí debe estar: en el centro.

Y es desde allí, en su aparición, que saluda (y nos saluda) de una manera muy especial. «La paz con vosotros.» Este saludo es también su PAZ, y a nosotros se dirige.

Esta PAZ es mucho más que la ausencia de conflictos y de guerras ... es la PAZ del mismo Dios que anida en nuestro ser.


No hemos de asustarnos al sentir que brotan en nosotros dudas e interrogantes. Las dudas, vividas de manera sana, nos salvan de una fe superficial que se contenta con repetir fórmulas, sin crecer en confianza y amor.

Las dudas nos estimulan a ir hasta el final en nuestra confianza en el Misterio de Dios encarnado en Jesús.

El mensaje para nosotros hoy es muy claro: sin una experiencia personal, llevada a cabo en el seno de la comunidad de los creyentes, es imposible acceder a la nueva Vida que Jesús anunció antes de morir y ahora está comunicando a todo el que se abre a su mensaje.

Todos nosotros tenemos que pasar por el mismo proceso que tuvieron que superar los discípulos. Se trata del paso, del Jesús “aprendido”, al Jesús experimentado. Ese cambio siempre será difícil, pero sin él, no hay posibilidad ninguna de entrar en la dinámica de la resurrección. Que Jesús siga vivo, no significa nada si no vivo yo mismo.

«La paz con vosotros.»



domingo, 8 de abril de 2012

SI NOSOTROS NO RESUCITAMOS, NUESTRA FE ES VANA

Domingo 08 de Abril de 2012


“La fe pascual consiste en que el corazón ilumina los ojos hasta ver que Dios es siempre compañía de la vida, sobre todo cuando es crucificada".


PRIMERA LECTURA
Hech 10, 34. 37-43
SALMO
Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23
SEGUNDA LECTURA
Col 3, 1-4
EVANGELIO
Jn 20, 1-9



La realidad pascual es, tal vez, la más difícil de reflejar en conceptos mentales. La palabra Pascua (paso) tiene unas connotaciones bíblicas que pueden llenarla de significado, pero también nos pueden despistar y enredarnos en un nivel puramente terreno que nada nos dice de lo que estamos celebrando. Lo mismo pasa con la palabra resurrección, también ésta nos constriñe en una connotación de vida y muerte biológicas, que nada tiene que ver con lo que pasó en Jesús y con lo que tiene que pasar en cada uno de nosotros.

La exégesis lleva muchos años aportándonos elementos de juicio que pueden ayudarnos a interpretar lo que quieren decir los textos. Reconozco que su principal tarea es negativa, es decir, nos indica los errores que hemos cometido al interpretar los relatos, por no tener en cuenta la manera de hablar de la época. Pero aún así, sus aportaciones son valiosísimas, porque nos obligan a intentar nuevas maneras de entender los textos, que pueden acercarnos al verdadero sentido de lo que nos quiere decir el NT.

La Pascua bíblica fue el paso de la esclavitud a la libertad, pero entendidas de manera material y directa. También la Pascua cristiana debía tener ese efecto de paso, pero en un sentido completamente distinto. En Jesús, Pascua significa el paso de la MUERTE a la VIDA; las dos con mayúsculas, porque no se trata ni de la muerte física ni de la vida biológica.

El evangelio de Juan lo explica muy bien en el diálogo de Jesús con Nicodemo. “Hay que nacer de nuevo”. Y “De la carne nace carne, del espíritu nace espíritu”. Sin este paso, es imposible entrar en el Reino de Dios.

Cuando el grano de trigo cae en tierra, “muriendo”, desarrolla una nueva vida que ya estaba en él en germen. Cuando ya ha crecido el nuevo tallo, no tiene sentido preguntarse qué pasó con el grano. La Vida que los discípulos descubrieron en Jesús, después de su muerte, ya estaba en él antes de morir, pero estaba velada. Solo cuando desapareció como viviente biológico, se vieron obligados a profundizar. Al descubrir que ellos poseían esa Vida comprendieron que era la misma que Jesús tenía antes y después de su muerte.

Teniendo esto en cuenta, podemos intentar comprender el término resurrección, que empleamos para designar lo que pasó en Jesús después de su muerte. En realidad, no pasó nada. Con relación a su Vida Espiritual, Divina, Definitiva, que no está sujeta al tiempo ni al espacio, por lo tanto no puede “pasar” nada; simplemente continúa. Con relación a su vida biológica, como toda vida era contingente, limitada, finita, y no tenía más remedio que terminar. Como acabamos de decir del grano de trigo, no tiene ningún sentido preguntarnos qué pasó con su cuerpo. Un cadáver, no tiene nada que ver con la vida.

Pablo dice: Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana. Pero pensemos que un Jesús en cuerpo, saltando de la ceca a la meca, atravesando paredes y puertas cerradas, para colocarlo después en el cielo a la derecha de Dios, no nos serviría de gran cosa. Yo diría: Si nosotros no resucitamos, nuestra fe es vana, es decir, vacía.

Aquí debemos buscar el meollo de la resurrección. La Vida de Dios, manifestada en Jesús, tenemos que hacerla nuestra, aquí y ahora. Si nacemos de nuevo, si nacemos del Espíritu, esa vida es definitiva. No tenemos que temer a la muerte biológica, porque no la puede afectar para nada. Lo que nace del Espíritu es Espíritu. ¡Y nosotros empeñados en utilizar el Espíritu, para que permanezca nuestra carne!

Los discípulos pudieron experimentar como resurrección la presencia de Jesús después de su muerte, porque para ellos, efectivamente, había muerto. Y no hablamos sólo de la muerte física, sino del aniquilamiento de la figura de Jesús. La muerte en la cruz significaba precisamente esa destrucción total de una persona. Con ese castigo se intentaba que no quedase nada de ella, ni el recuerdo.

Por esta razón es muy problemático el relato de un entierro de Jesús por unos desconocidos. Los que le siguieron entusiasmados durante un tiempo, vieron como se hacía trizas su persona. Aquel en quien habían puesto todas sus esperanzas, había terminado aniquilado por completo. Por eso la experiencia de que seguía vivo, fue para ellos una verdadera resurrección.

Hoy nosotros tenemos otra perspectiva. Sabemos que la verdadera Vida de Jesús, la divina, no puede ser afectada por la muerte física, y por lo tanto, no cabe en ella ninguna resurrección. Pero con relación a la muerte biológica, no tiene sentido la resurrección, porque no añadiría nada al ser de Jesús. Como ser humano era mortal, es decir su destino natural es la muerte. Nada ni nadie puede detener ese proceso, que no es de destrucción sino de maduración.

Cuando vemos la espiga de trigo que está madurando, ¿a quién se le ocurre preguntar por el grano que la ha producido y que ha desaparecido? El grano está ahí, pero desplegado en todas sus posibilidades de ser, que antes sólo eran germen.


Fray Marcos
    Publicado en  FE ADULTA