“Esta fue la culpa de su hermana Sodoma: ella y sus hijas tenían orgullo, exceso de comida y próspera tranquilidad, pero no ayudaron al pobre y al necesitado”. (Ez 16, 48-49)

viernes, 9 de octubre de 2020

Ser Influencer de Dios en las Redes Sociales

 














Que cómo él también nosotros seamos influencers de Dios en las Redes Sociales.
Que cómo él también nosotros seamos signo del Dios que nos ama en las Redes Sociales.


Carlo Acutis ... ¡ruega por nosotros!




Carlo Acutis ... ¡ruega por nosotros!

Amén















lunes, 28 de septiembre de 2020

Ven Espíritu del Verdadero Amor

Ven Espíritu Santo
y envía desde el Cielo
un rayo de tu luz.

Ven Padre de los pobres,
ven a darnos tus dones,
ven a darnos tu luz.

Consolador llendo de bondad,
dulce huésped del alma,
suave alivio para el hombre.

Descanso en el trabajo,
templanza en las pasiones,
alegría en nuestro llanto.

Penetra con tu santa luz
en lo más íntimo
del corazón de tus fieles.

Sin tu ayuda divina
no hay nada en el hombre
nada que sea inocente.

Lava nuestras manchas,
riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas.

Suaviza nuestra dureza,
enciende nuestra frialdad,
corrige nuestros desvíos.

Concede a tus fieles
que en Ti confían
tus siete sagrados dones.

Premia nuestra virtud,
salva nuestras almas
danos la eterna alegría.

Buscándote, Dios de la Verdad y del Amor, entre el dolor y el resentimiento


 

domingo, 31 de mayo de 2020

¿Qué eres tú para Dios Espíritu Santo? «No eres confeti al viento, sino una tesela de Su mosaico»

Por  Papa Francisco


Unidad en la diversidad: esa es la clave para entender a la Iglesia y el don del Espíritu Santo, y con esa vivencia es posible vivir con el hermano, amar a los que son diferentes y servir a Dios transformando el mundo, venciendo debilidades como el narcisismo, el victimismo o el pesimismo.
Esto es posible porque "el Espíritu Santo nos ama y conoce el lugar que cada uno tiene en el conjunto: para Él no somos confeti llevado por el viento, sino teselas irremplazables de su mosaico".
Esa fue la clave de la homilía del Papa Francisco en la Basílica de San Pedro este Domingo de Pentecostés por la mañana.
Unidad en la diversidad: así nació la Iglesia
“«Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu», recordó el Pontífice citando la carta de Pablo a los corintios. «Hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios».
Pablo junta la diversidad con la unidad para indicarnos "que el Espíritu Santo es la unidad que reúne a la diversidad; y que la Iglesia nació así: nosotros, diversos, unidos por el Espíritu Santo”, predicó Francisco.
Los apóstoles forjaron “un solo pueblo: el pueblo de Dios, plasmado por el Espíritu, que entreteje la unidad con nuestra diversidad, y da armonía, porque el Espíritu, es armonía, dijo el Papa. El Espíritu es la unidad que reúne a la diversidad. Jesús no cambió a los apóstoles, no los uniformó, ni convirtió en ejemplares producidos en serie. Jesús dejó las diferencias que caracterizaban a cada uno de ellos: los pescadores, quien era gente sencilla, quien recaudador de impuestos".
¿Cómo logra Dios la unión de los apóstoles? "Ungiéndolos con el Espíritu Santo, los une. La unión se realiza con la unción. En Pentecostés los Apóstoles comprendieron la fuerza unificadora del Espíritu".
No te lleves bien sólo con quien piensa como tú
Los cristianos pueden tener diferencias de opinión, de elección, de sensibilidad... ¿Cómo vivir eso en unidad? El Papa nos pide que no caigamos en la tentación de querer defender a capa y espada las propias ideas, considerándolas válidas para todos, y en llevarnos bien sólo con aquellos que piensan igual que nosotros.
Esta es una fe, manifestó, construida a nuestra imagen y no es lo que el Espíritu quiere. La humanidad, dentro de las diferencias, alcanza la unidad por el Espíritu Santo, porque, como dijo Francisco, el Espíritu Santo nos recuerda que, ante todo, somos hijos amados de Dios.
“El Espíritu desciende sobre nosotros, a pesar de todas nuestras diferencias y miserias, para manifestarnos que tenemos un solo Señor, Jesús, y un solo Padre, y que por esta razón somos hermanos y hermanas. Empecemos de nuevo desde aquí, miremos a la Iglesia como la mira el Espíritu, no como la mira el mundo”.
“Podríamos pensar que lo que nos une es lo mismo que creemos y la misma forma de comportarnos. Sin embargo, hay mucho más que eso: nuestro principio de unidad es el Espíritu Santo", insistió.
Ni izquierdas ni derechas: hijos de Dios
“Miremos a la Iglesia como la mira el Espíritu, no como la mira el mundo. El mundo nos ve de derechas y de izquierdas; el Espíritu nos ve del Padre y de Jesús. El mundo ve conservadores y progresistas; el Espíritu ve hijos de Dios. La mirada mundana ve estructuras que hay que hacer más eficientes; la mirada espiritual ve hermanos y hermanas mendigos de misericordia", añadió.
No somos confeti al viento, sino teselas del mosaico de Dios
El Espíritu nos ama y conoce el lugar que cada uno tiene en el conjunto: para Él no somos confeti llevado por el viento, sino teselas irremplazables de su mosaico.
El día de Pentecostés,dijo, es la primera obra de la Iglesia: el anuncio, los Apóstoles salen a proclamar el Evangelio, sin ninguna estrategia ni plan pastoral. Se lanzan, dijo el Papa, corriendo riesgos, poco preparados, salen con el solo deseo que les anima: dar lo que han recibido. Porque es ese el secreto de la unidad, y del Espíritu, donarse.
“Porque Él es don, vive donándose a sí mismo y de esta manera nos mantiene unidos, haciéndonos partícipes del mismo don. Es importante creer que Dios es don, que no actúa tomando, sino dando. ¿Por qué es importante? Porque nuestra forma de ser creyentes depende de cómo entendemos a Dios".
"Si tenemos en mente a un Dios que arrebata y se impone, también nosotros quisiéramos arrebatar e imponernos: ocupando espacios, reclamando relevancia, buscando poder. Pero si tenemos en el corazón a un Dios que es don, todo cambia. Si nos damos cuenta de que lo que somos es un don suyo, gratuito e inmerecido, entonces también a nosotros nos gustaría hacer de nuestra vida un don”.
Tres enemigos: narcisismo, victimismo, pesimismo
El Papa pide a cada uno de nosotros, que examinemos que nos impide darnos al otro, si dentro de nosotros tenemos a los “tres enemigos del don”: el narcisismo, el victimismo y el pesimismo.
El narcisismo, que lleva a la idolatría de sí mismo y a buscar sólo el propio beneficio. "Y en esta pandemia que el mundo sufre, duele ver en la humanidad el narcisismo, gente que se preocupa de sus propias necesidades, que es indiferente a las de los demás, que no admite las propias fragilidades y errores".
El victimismo, es peligroso, dijo Francisco. El victimista está siempre quejándose de los demás: “Nadie me entiende, nadie me ayuda, nadie me ama, ¡están todos contra mí!”. Y al respecto, en el drama que vive actualmente la humanidad, qué grave es el victimismo, exclamó el Papa, pensar que no hay nadie que nos entienda y sienta lo que vivimos.
Y el pesimista que “arremete contra el mundo entero, pero permanece apático y piensa: “Mientras tanto, ¿de qué sirve darse? Es inútil”. Y así, en el gran esfuerzo que supone comenzar de nuevo, qué dañino es el pesimismo, ver todo negro y repetir que nada volverá a ser como antes”. 
El pesimista, es quien piensa que que ya no hay esperanza, y hoy día dijo por último el Papa Francisco, nos encontramos ante una carestía de esperanza y necesitamos valorar el don de la vida, el don que es cada uno de nosotros. Por esta razón, necesitamos el Espíritu Santo, don de Dios que nos cura del narcisismo, del victimismo y del pesimismo, concluyó el Pontífice.



domingo, 12 de abril de 2020

No lo busques entre los muertos



¡Feliz Pascua de Resurrección!
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». Él entró y se quedó con ellos. (Lc 24, 28-29) 
 
En medio de la incertidumbre y preocupación en este tiempo sin precedentes, la presencia del Señor Resucitado permanece constante. 

En la primera tarde de Pascua, el Señor Resucitado se encontró con dos discípulos en el camino a Emaús. Ellos se sentían aislados, apesadumbrados por la desesperanza y sufrían una verdadera crisis de fe. Él los invitó a compartirle su dolor y sus dudas y luego, restauró su fe en las promesas de Dios. Reavivó su fe, aumentó su entendimiento y encendió sus corazones. Respondiendo a su invitación sincera, el Señor se sintió como en casa y les reveló su presencia en la fracción del Pan. 

Aunque esta crisis mundial de salud nos separa de nuestros familiares, amigos, e incluso de los sacramentos, el Señor Jesús nos ha hecho uno por su Resurrección. Que en esta Pascua se encuentren con Él en medio de la dificultad y reciban su consuelo. Que la palabra salvífica de su Pasión, Muerte y Resurrección encienda sus corazones y avive en ustedes la confianza de que Dios guarda sus promesas. Que sus hogares y sus corazones sean templos donde el Señor Resucitado habite y revele su presencia. 

Proclamemos a una sola voz, junto con sus discípulos y su Santísima Madre: «¡El Señor ha resucitado! ¡Aleluya!» 

domingo, 29 de marzo de 2020

Domingo del llanto

“Que sea el domingo de las lágrimas”



El Papa Francisco ora en la Misa en Santa Marta por quienes lloran

Este 29 de marzo, V Domingo de Cuaresma, en la Misa en Santa Marta, 
el Santo Padre rezó por los que sufren en este tiempo de aflicción. En su homilía 
recordó que Jesús también lloró: hoy mucha gente llora, pidamos la gracia de 
saber llorar con ellos.

 Vatican News

En la Misa matutina celebrada – y transmitida en vivo – en la Capilla de la 
Casa Santa Marta, este V Domingo de Cuaresma, “Domingo del llanto”, 
el Papa Francisco pidió especialmente por las personas que sufren a 
causa de la pandemia del coronavirus:

“Pienso en tanta gente que llora: gente aislada, gente en cuarentena, 
los ancianos solos, personas hospitalizadas y personas en terapia, padres
que ven que, porque no hay el salario, no podrán alimentar a sus hijos. 
Mucha gente llora. Nosotros también, desde nuestro corazón, los 
acompañamos. Y no nos hará daño llorar un poco con 
el llanto del Señor por todo su pueblo”.

En su homilía, comentando el Evangelio de Juan (11, 1-45) sobre
la resurrección de Lázaro, el Pontífice habló del llanto de Jesús
por su amigo. Jesús llora con amor, llora con los suyos que lloran,
 llora siempre por amor, tiene un corazón lleno de compasión.
Hoy en día, frente a un mundo que sufre por la pandemia – se preguntó 
el Papa – ¿somos capaces de llorar como Jesús? Muchos lloran hoy. 
Pidamos la gracia de llorar.

A continuación la homilía:
***
Homilía del Santo Padre

Jesús tenía amigos. Amaba a todos, pero tenía amigos con los cuales tenía una relación
 especial, como se hace con los amigos, de más amor, de más confianza… Y muchas, 
muchas veces se quedaba en casa de estos hermanos: Lázaro, Marta, María… Y Jesús 
sintió dolor por la enfermedad y la muerte de su amigo. Llegó a la tumba y, se conmovió 
profundamente y muy turbado, preguntó: “¿Dónde lo habéis puesto?” (Jn 11,34). 
Y Jesús estalló en lágrimas. Jesús, Dios, pero hombre, lloró. En otra ocasión 
en el Evangelio se dice que Jesús lloró: cuando lloró por Jerusalén (Lc 19,41-42). 
¡Y con cuanta ternura llora Jesús! Llora desde el corazón, llora con amor, 
llora con los suyos que lloran. El llanto de Jesús. Tal vez, lloró otras veces en 
la vida —no lo sabemos— ciertamente en el Huerto de los Olivos. Pero Jesús llora 
por amor, siempre.

Se conmueve profundamente y muy turbado lloró. Cuántas veces hemos escuchado 
en el Evangelio esta emoción de Jesús, con esa frase que se repite: “Viendo, tuvo 
compasión” (cf. Mt 9,36; Mt 14,14). Jesús no puede mirar a la gente y no sentir 
compasión. Sus ojos miran con el corazón; Jesús ve con sus ojos, pero ve con su 
corazón y es capaz de llorar.

Hoy, ante un mundo que sufre tanto, ante tanta gente que sufre las consecuencias 
de esta pandemia, me pregunto: ¿soy capaz de llorar, como seguramente lo habría 
hecho Jesús y lo hace ahora? ¿Mi corazón se parece al de Jesús? Y si es demasiado
 duro, si bien soy capaz de hablar, de hacer el bien, de ayudar, pero mi corazón no 
entra, no soy capaz de llorar, debo pedir esta gracia al Señor: Señor, que yo llore 
contigo, que llore con tu pueblo que en este momento sufre. Muchos lloran hoy. 
Y nosotros, desde este altar, desde este sacrificio de Jesús, de Jesús que no se 
avergonzó de llorar, pedimos la gracia de llorar. Que hoy sea para todos 
nosotros como  el domingo del llanto.
Oración para la Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el 
Santísimo Sacramento del altar. 
Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. 
Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos 
espiritualmente a mi corazón. Y como si te hubiese recibido, 
me abrazo y me uno todo a ti. 
No permitas que jamás me 
aparte de ti.


AMÉN