“Esta fue la culpa de su hermana Sodoma: ella y sus hijas tenían orgullo, exceso de comida y próspera tranquilidad, pero no ayudaron al pobre y al necesitado”. (Ez 16, 48-49)

domingo, 16 de enero de 2011

Estamos creciendo

Hace tan sólo unos meses empecé este blog esperando que fuera una isla en el turbulento mar de la relación entre la Iglesia y la homosexualidad. Un espacio para crecer en nuestra fe a pesar de todo. Durante ese breve tiempo han leído un poco de mi opinión y un montón de artículos relacionados con el tema. Todo con el afán de fortalecernos mutuamente en el Espíritu Santo para poder dar testimonio de vida desde nuestra orientación sexual.

Pues bueno, hoy dejo de ser sólo yo. A partir de este momento quiero dar la bienvenida a otros dos hermanos nuestros: Omar e Israel, que nos ayudarán en este camino con sus escritos y aportes. Roguemos a Dios que les dé la Sabiduría e Inteligencia necesarias para que a través de ellos podamos llegar al Camino que nos lleva al Padre amoroso que nos llama por nuestro nombre para que hagamos su voluntad.

2º Domingo Ordinario

Primera Lectura: Is. 49, 3. 5-6 Te hago luz de las naciones, para que todos vean mi salvación.
Salmo: 39 Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Segunda Lectura: Cor. 1, 1-3 La gracia y la paz de parte de Dios y de Cristo Jesús.
Evangelio: Jn. 1, 29-34 Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo.

Vivimos en medio de una sociedad en la que seguido vamos por la vida sin saber quines somos. Nos han hecho creer que nuestra identidad está exclusivamente ligada a nuestro nombre, nacionalidad y sexo; y a partir de esos puntos construimos todo un estilo de vida que nos invita a destacar de entre los demás, que nos exige ser mejor que el ser humano que está a nuestro lado y que inevitablemente va desarrollando en nosotros un sentimiento de egoísmo y competitividad dignos del sistema en que vivimos.

Pero luego viene el gran momento en que Dios nos revela que parte de nuestra identidad es ser homosexuales y entonces las cosas cambian, porque toda la cuestión de género que habíamos desarrollado como hombres con nuestra habitación de niños pintada de azul, un balón de fútbol en nuestros pies, las pláticas de nuestros compañeros de clase sobre mujeres, e incluso el mismo hecho de insultar a las personas que son diferentes a nosotros pierden sentido; esto sucede así porque hemos desencajado. Todo lo que habíamos pensado que era parte de nuestro ser y nuestra misión en el mundo ha dejado de ser realidad para nosotros.

Entonces viene un momento de oscuridad en nuestras vidas guiado por el desconcierto y el miedo a la sociedad. En ese momento el "qué dirán" importa tanto o más que nuestro propio bienestar. La sociedad nos ha hecho creer que eso está mal, porque en la televisión nunca hemos visto una pareja de hombres disfrutando de una relación de amor, y aunque hay excepcione como algunas películas y series recientes, los comentarios de nuestra familia o nuestros amigos no nos hacen sentir muy seguros al respecto. El ambiente de homofobia es generalizado, y lo sabemos bien.

Y cuando nos acercamos a la Iglesia para encontrar un refugio en su santa maternidad, porque sabemos que en ella será mucho más sencillo llegar al origen y razón de todas las causas, incluída la de nuestra homosexualidad, las cosas empeoran en vez de mejorar. Escuchamos que el celebrante de la misa dice que la legalización de las uniones homosexuales ofende a Dios, y que la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo atenta contra el bienestar e integridad de los menores. Sí, ese es tristemente el ambiente que encontramos en casi toda la Iglesia. Pero esos padres y obispos mienten. Me atrevo a decirlo con toda la certeza y objetividad que hay dentro de mí, porque al mal hay que denunciarlo tal cual es. Sin embargo ellos mienten porque no han sido bien informados y bien les valdría enterarse un poco más. Algunos obispos ya están empezando a cambiar su forma de ver la homosexualidad.

Pero volviendo a nuestro tema. A pesar de todas las dificultades, se nos revela nuestra misión y nuestra identidad. Dentro de poco ya todos nos podrán reconocer como somos, tal cual Juan Bautista reconoció a Jesús. Pero esta vez ya no será la misión que el sistema en que vivimos nos asigna la que la gente verá en nosotros, sino la que el mismo Padre desde su lugar de amor nos ha encomendado desde el vientre de nuestra madre.

Dios nos ha hecho así para que podamos dar testimonio y llevar la luz de Cristo a todas las naciones paa que su salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra. Las puertas del ministerio sacerdotal están temporalmente cerrardas para nosotros, y aun así podemos intentarlo. Pero acá afuera de los seminarios hay toda una comunidad LGBT que aun tiene muchas preguntas esperando ser respondidas. Recordemos que algunos de nuestros hermanos han perdido el camino y ahora se encuentran tan confundidos que creen poder encontrar el amor en bar, en un antro o en un club, pero siempre encuentran decepción o desilusión. Y a pesar de todo lo siguen intentando una y otra vez. Cuando se hastían de esta situación empiezan a verse mezclados en el vicio del alcohol o de las drogas, y no sólo se hacen daño a si mismos, sino que nos lo hacen a toda la sociedad. Es nuestro deber llevar la Luz a todos ellos y nosotros mismos demostrar que somos parte de la luz. Solo así los podremos salvar de tan horrible destino.

Pero no todo gira al rededor de nuestra comunidad discriminada. Aún hay mucha injusticia en el mundo. Miles de personas mueren violentamente en América Latina cada año por causa del narcotráfico y el mal manejo de la situación hacen que los gobiernos. Miles de personas mueren de hambre en todo el mundo sin que nadie siquiera recuerde que existieron. Muchos más pasan las noches invernales sin más fuente de calor que una cobija a la intemperie y nadie sabe si amanecerán al día siguiente. Está la familia pobre que todos conocemos que día a día lucha por salir adelante y no recibe ninguna ayuda de los demás, por lo que su situación no mejora. Ejemplos hay muchos, y poco vale la pena mencionarlos, pero es también parte de nuestro deber hacer que reine la Justicia. Para eso siempre habrá una forma de actúar y no debemos ignorarla o conformarnos con dar una moneda a la pobre mujer que está pidiendo limosna afuera de la Iglesia.

Ahora bien, todos ellos son el Hijo de Dios. Quitémonos todo lo que nos impide ver. Cada vez que permitimos que estas situaciones de injusticia permanezcan en la sociedad, estamos permitiendo que el Hijo de Dios viva en la injusticia y la opresión. No seamos ciegos y demos testimonio que ellos son Cristo, para que todos los demás puedan ver también. Solo así seremos reconocidos como verdaderos seguidores de Cristo Jesús.

martes, 11 de enero de 2011

Santos Poliecto y Nearco, mártires.

Mártires cristianos “casados” mediante la ceremonia de la Adelphopoiesis

La crónica del martirio de Poliecto data del siglo IV. Cuenta que él y otro soldado, el cristiano Nearco, eran “hermanos no de nacimiento sino por afecto” (una crónica del S. X recoge la tradición según la cual “cada uno de ellos creía vivir y respirar por entero en el cuerpo del otro”). Ambos eran de origen griego. La historia se desarrolla en Armenia.

Sucedió que Félix, suegro de Poliecto, funcionario romano, promovió una persecución contra los cristianos, hacia quienes éste sentía simpatía. Trató entonces su suegro de apartarlo de ellos mentándole a su esposa e hijos para que por amor a ellos ofreciera un sacrificio a los ídolos, pero Poliecto se negó.

Sabiendo Nearco que de ser descubierto sería decapitado, se entristeció por la posibilidad de no hallar en la otra vida a Poliecto, quién sentenció: “aún cuando la muerte nos separase, nadie sería capaz de disminuir la devoción y el amor que tenemos el uno por el otro.” Y le confesó que también él creía en Cristo, Quien Se le había aparecido en visión.

Así, Poliecto, “unido a Nearco por un amor sin límites”, compareció voluntariamente ante Félix declarando su fe. Ni las suplicas de su mujer Paulina quebrantaron su decisión. “Pero nunca olvidó a Nearco, pues eran una sola alma, una alianza en dos cuerpos”. Sus últimas palabras fueron para Nearco – de quien la crónica no dice si padeció martirio: “Hermano, recuerda nuestro pacto sagrado”. Al punto, fue decapitado. Sucedió esto hacia el 259.

Al cristiano o cristiana actual tal vez le sorprendan los tintes de adulterio que parece sugerir la relación entre Nearco y Poliecto (casado y con hijos). Aquí caben dos consideraciones:

1- Dentro de la cultura griega, a la que ambos pertenecían -pese a ser soldados de Roma-, ni el esposo ni la esposa consideraban que la relación de aquel con otro hombre (normalmente más joven) fuera adulterio. Si el casado amaba a otra mujer, eso sí se consideraba una afrenta a la esposa. Ni Poliecto, ni Nearco, ni el redactor del S. IV ni su público consideraron que el amor entre los dos soldados era una traición al amor conyugal de Poliecto y Paulina. Ni la propia Paulina –si es que estaba al tanto de la relación con Nearco- debió de considerar a su esposo un adúltero, pues en ningún pasaje de la crónica se lo reprocha.

2- Aún se puede traer a la memoria el “privilegio paulino” (I Cor VII,12-16), según el cual si en una pareja, aún habiendo amor –y nada indica que no lo hubiese entre Poliecto y Paulina-, una de las partes se convertía en un obstáculo para que la otra viviese su fe, el vínculo quedaba disuelto. En la medida en que Paulina se opusiera, como su padre Félix, a la simpatía de su esposo por el cristianismo y luego a su conversión, tratando de disuadirle del martirio, es probable que Poliecto dejara de sentirse obligado para con ella y empezara a sentir al cristiano Nearco como su verdadera pareja. Así lo habrían podido entender el redactor y los lectores.

Santa Apolinaria, Virgen (San Doroteo, ermitaño)

Santa Apolinaria, virgen. Aunque el Martirologio Romano dice textualmente el 5 de enero "En Egipto, Santa Apolinaria, Virgen", la biografía que se encuentra en el Metafrasto y en los "menaia" griegos, pertenece a la categoría de las novelas religiosas. Dicha biografía de Apolinaria Sinclética, es una variante del tema de la joven que se disfraza de hombre y pasa por tal, durante largo tiempo. En nuestro caso, Apolinaria es hija del "Emperador" Antemio.

Disfrazada de hombre y bajo el nombre de Doroteo, vivió como ermitaño en el desierto, bajo la dirección del renombrado asceta Macario. Su hermana, poseída por el demonio, fue conducida al desierto, donde Doroteo se encargó de exorcizarla. La joven recuperó la razón, pero el diablo se ingenió para que los monjes acusaran a Doroteo de haber cometido actos infames con ella. Doroteo tuvo que responder de su conducta ante su propio padre y se le dio a conocer.

Después de obtener la perfecta curación de su hermana con sus oraciones, insistió en volver al desierto, donde los monjes no descubrieron su sexo sino hasta su muerta. Probablemente, el Martirologio Romano conmemora a Santa Apolinaria en esta fecha, debido a la conmemoración de Santa Sinclética en los sinaxarios griegos (4 de enero) y en el propio Martirologio Romano del día de hoy.

domingo, 9 de enero de 2011

El Bautismo del Señor

Primera Lectura: Is. 42, 1-4. 6-7 Miren a mi siervo, en quien tengo mis complacencias.
Salmo: 28 Te alabamos, Señor.
Segunda Lectura: Hc. 10, 34-38 Dios ungió con el Espíritu Santo a Jesús de Nazaret.
Evangelio: Mt 3, 13-17 Apenas se bautizó Jesús, vio que el Espíritu Santo descendía sobre él.

El Espíritu de Dios se manifiesta. Lo hace en todo momento y en todo lugar. Sostiene a la Creación y pacientemene observa el discurrir de nuestras vidas. Juan el Bautista solía realizar un bautismo con agua como símbolo del arrepentimiento que los judíos a nivel personal iban despertando por haber abandonado la Alianza con el Señor. Y mientras lo hacía también anunciaba la llegada inminente del Mesías, a quien supo reconocer sólo cuando lo vio. Llegado el momento Jesús le pide a San Juan Bautista que lo bautice, acto por demás escándaloso a los ojos del profeta que predica en el desierto, pues su bautizo es sólo con agua, y sabe que el de Jesús es bautizo de fuego que perdona todos los pecados e iniquidades. Aun así Juan obedece a Jesús y lo bautiza. Con ese pequeño gesto quedó instituido el Bautismo como Sacramento necesario para todo aquel que quiera llamarse cristiano o cristiana.

Así que aquí estamos dos mil años después. Bautizados desde niños, formando parte de una Iglesia a la que no conocemos bien y que por lo común se nos dice que es homofóbica. Formando parte de una comunidad a la que la religión ha atacado tanto que ha terminado por romper con ella en absoluto. Pero por alguna razón incomprensible seguimos de pie en la lucha por nuestra fe y nos aguantamos las humillantes declaraciones y acciones del clero con espíritu cristiano porque tenemos fe en las promesas del Señor.

Esto es así porque Dios no discrimina. Cuando fuimos bautizados recibimos el regalo especial de los siete dones del Espíritu Santo, fuimos nombrados sacerdotes, profetas y reyes, y somos capaces de madurar los frutos del Espírtu. Si habiendo Dios escogido primero a los Judíos, a través de Jesús ya no hizo distinción de naciones, ¿bajo qué lógica distinguiría entre un heterosexual y un homosexual nombrando bueno a uno y malo a otro? Lo único que debemos hacer es respetarlo y practicar la justicia para glorificar su santo Nombre.

Cuando se nos bautizó también para nosotros se abrió el cielo y se escuchó una voz que decía: "Este es mi hijo amado". Somos hijos amados del Padre eterno. Tenemos la misión muy clara de proclamar su Palabra por todo el mundo, aunque sea nuestro pequeño mundo y dar testimonio de fe de su justicia. Cuando se violentan los Derechos Humanos es nuestro deber promover la justicia con firmeza, y aunque la lucha sea demasiado agotadora, no titubear ni doblegarnos. Demostremos que somos de estirpe divina, demostremos que somos hijos de Dios y herederos de la Creación.

sábado, 8 de enero de 2011

Premio Rafto 2010

En septiembre les daba a conocer esta noticia. Hoy quiero compartir con ustedes este video de la diócesis de Saltillo. Insisto en pedir a nuestro Padre que nos dé más sacerdotes, monjas y obispos como él.

viernes, 7 de enero de 2011

Los gays son los eunucos de hoy y la verdadera faz de Jesús Crucificado

Hoy compartimos una entrada que reproduce un escrito de el principal activista por el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBT en Brasil, Luiz Moot, el cual se contextualiza como respuesta al escándalo que armó la jerarquía brasileña por que en el Parlamento se discutía la ley de matrimonio homosexual y la Union Civil. Nos llega de manos de nuestro hermano Víctor Eremita en el blog Católico Libre. Deseo agradecer su valentía cristiana para enfrentar la opinión de algunos buenos católicos que por serlo creen que pueden eregirse como jueces y ver la paja en el ojo ajeno sin notar la viga en el propio. Qué Dios te bendiga hermano.

Jesús, que no le arrojó piedras a la mujer adúltera, que le garantizó la entrada al Reino de los Cielos a los publicanos y a las meretrices, que no se negó a curar al esclavo/amante del centurión romano, y que afirmó que «hay eunucos/gays que así nacieron del seno de su madre», este mismo Jesús, en el caso de que estuviese entre nosotros, en este tercer milenio de su nacimiento, ¿de qué lado estaría?

¿Del lado de algunos obispos brasileños que declararon: «los gays son gente por la mitad, si puede decirse que son gente», o «el homosexualismo es una aberración, una inmoralidad comparable a la cleptomanía»? ¿Del lado de aquellos que escribieron cartas a los parlamentares para que no aprobasen el proyecto de unión civil entre homosexuales? ¿O estaría Jesús del lado de los gays, la minoría social más discriminada del mundo, pues hasta en sus propios hogares son víctimas de represión y violencia, y cuyo único pecado es amar a su semejante?

Los dueños del poder eclesiástico se olvidan de las enseñanzas del «discípulo que Jesús amaba» cuando afirmaba: «Dios es amor y donde hay amor, Dios está ahí».

Como ex-profeso de la Orden Dominicana, estudioso de la Santa Inquisición y líder del Movimiento Homosexual Brasileño, he proclamado durante estas dos décadas de sacerdocio en defensa de los derechos humanos de las minorías sexuales: Para mí, la homosexualidad fue una bendición divina, una gracia la cual no me arrepiento ni siquiera por un minuto, de haber tenido el coraje de asumir y defender.

Denuncio que la cruel discriminación de la jerarquía católica contra los homosexuales es actualmente el más grave pecado de los cristianos contra el Espíritu Santo, pues negándose a entender los señales que el Paráclito envía, además del pecado antiguo de haber quemado en la hoguera a los «sodomitas», al defender hoy que la homosexualidad es «intrínsecamente mala», el Papa y sus obispos legitiman el prejuicio y la discriminación anti-homosexual. Ellos están dándoles las espaldas a la historia, a la ciencia y a los derechos humanos, que garantizan la normalidad, naturalidad, moralidad y altruismo del amor entre personas del mismo sexo. La Iglesia tiene las manos manchadas de sangre, cada vez que un homosexual es asesinado.

Urge que la jerarquía católica abra su corazón también a los gays, lésbicas y transgéneros, como hizo con los pérfidos judíos, herejes protestantes, científicos evolucionistas, negros e indios paganos.

Los homosexuales también son Hijos de Dios y templos del Espíritu Santo.

Luiz Mott*

* Titular del Departamento de Antropología de la Universidad Federal de Bahía. Miembro de la Comisión Nacional de Sida del Ministerio de la Salud. Miembro de la Comisión de los Derechos Humanos de la Asociación Brasileña de Antropología. Presidente del Grupo Gay de Bahia. Secretario de Asuntos Académicos de la Asociación Brasileña de Gays, Lésbicas y Travestis. Miembro del Directorio de la «International Lesbian & Gay Human Rights Comission, S.F. USA “Per Scientiam ad Justitiam».