“Esta fue la culpa de su hermana Sodoma: ella y sus hijas tenían orgullo, exceso de comida y próspera tranquilidad, pero no ayudaron al pobre y al necesitado”. (Ez 16, 48-49)

lunes, 7 de marzo de 2011

Sobre la Penitencia

Nociones para una buena confesión.
Examen de conciencia.

Dios providentísimo ha salido al paso del hombre caído en pecado, después del pecado original. Si para éste nos dio la primera tabla de salvación, el Santo Bautismo, que nos regenera y nos convierte en hijos adoptivos de Dios y herederos de la gloria, para el pecado actual cometido después del Bautismo nos ofrece una segunda tabla de salvación, a saber, el Sacramento de la Penitencia o la confesión.
Los efectos principales de este Sacramento son:
  • Remisión de los pecados.
  • Reincorporación al alma de la Iglesia mediante el estado de gracia; y con esto , el derecho a participar del Sacramento de la Eucaristía.
  • La reviviscencia de los méritos por el pecado mortal.

Manifestar la misericordia del Señor.
Este sacramento ha sido más conocido con el nombre de Confesión. Y al usar este término con exclusividad, se ha reducido su sentido. La Confesión, es decir, la declaración de los propios pecados ante el sacerdote, es sólo uno de los elementos del sacramento de la Penitencia. Como en el Bautismo, también aquí, antes de nuestra respuesta, está la acción de Dios: Él siempre apresura su perdón ante un corazón arrepentido.
Más que para confesar los pecados, Jesús quiso este sacramento para manifestar la misericordia de Dios. El primer anuncio de Jesús resucitado a sus discípulos fue precisamente éste: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo. Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán  perdonados, y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar" (Jn 20, 21-22).
Jesús no murió en la cruz para satisfacer las exigencias de justicia de una divinidad vengadora, sino para que ya no tengamos más dudas sobre el amor infinito del Padre, y para el perdón de los pecados de todos los hombres, Él ha vertido su sangre, como se recuerda en cada Misa.
El sacramento de la Penitencia es el instrumento ordinario, por medio del cual ese amor que perdona, se manifiesta. Es un regalo de Cristo y de la Iglesia para todos los bautizados, que con mayor o menor gravedad han sido infieles a sus compromisos bautismales.

No obstante su sincera elección fundamental, el cristiano puede fallar en su alianza con Dios. Y precisamente la experiencia diaria de la fragilidad humana ha alentado a la Iglesia a través de los siglos a estructurar litúrgicamente este sacramento, para expresar visiblemente y comunicar repetidamente a todos el amor infinito de ese Dios que perdona.

Expresar la propia conversión.

Hoy, para facilitar la comprensión de este rito, se prefiere usar distinitos nombres además del de Confesión. Se le llama sacramento de la conversión, del perdón, de la reconciliación y, sobre todo, sacramento de la Penitencia, para subrayar el hecho de que en este sacramento se da en un proceso personal y eclesial de conversión, de arrepentimiento y de reparación por parte del cristiano pecador.

Cuando un cristiano ha tomado actitudes que lo alejan de Jesús, de la comunidad eclesial; cuando ha dañado su relación con Dios, ha faltado contra el prójimo pisoteando su dignidad; cuando ha hecho norma de su vida el bienestar individual, ignorando los derechos y necesidades de los demás, rompe su compromiso bautismal y destruye la comunión con los hermanos.

Pero el pecado no tiene la última palabra. Mucho mayor es la misericordia de Dios, capaz de tender nuevos puentes para que la relación rota vuelva a establecerse. Por medio del sacramento de la Penitencia, el crisitano que se reconoce pecador y necesitado de restablecer vínculos con el Padre, puede acercarse para perdirle perdón en la persona del sacerdote. Para continuar este ministerio de perdón, hoy la Iglesia tiene distintos ritos:
  • La reconciliación de cada uno de los penitentes (que es la más conocida), subraya la responsabilidad y la relación única de cada uno de nosotros con Dios.
  • La reconciliación de varios penitentes, con la confesión y la absolución individual, subraya el aspecto eclesial de la Penitencia, la solidaridad en el pecado y en el perdón.
  • Por último, la reconciliación de varios penitentes con la confesión y la absolución general, rito reservado a circunstancias especiales, subraya la supremacía de la conversión sincera por encima de la confesión material de cada uno de los pecados, si bien se mantiene la obligación de la confesión privada con el sacerdote, tan pronto como sea posible, cuando se va a recibir la absolución de pecados mortales.

El sacramento de la Penitencia, no es un castigo, sino como un regalo de la misericordia de Dios para devolverle al hombre pecador la gracia y darla más confianza, más paz interior, más serenidad. El amor de Dios siempre es más grande que todos los pecados del mundo.

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