“Esta fue la culpa de su hermana Sodoma: ella y sus hijas tenían orgullo, exceso de comida y próspera tranquilidad, pero no ayudaron al pobre y al necesitado”. (Ez 16, 48-49)

lunes, 15 de agosto de 2011

Oda a la Asunción


Al cielo vais, Señora,
y allá os reciben con alegre canto.
¡Oh quién pudiera ahora
asirse a vuestro manto
para subir con vos al monte santo!

De ángeles sois llevada
de quien servida sois desde la cuna,
de estrellas coronada:
¡ Tal Reina habrá ninguna,
pues os calza los pies la blanca luna!

Volved los blancos ojos,
ave preciosa, sola humilde y nueva,
a este valle de abrojos,
que tales flores lleva,
do suspirando están los hijos de Eva.

Que, si con clara vista,
miráis las tristes almas desde el suelo,
con propiedad no vista,
las subiréis de un vuelo,
como piedra de imán al cielo, al cielo.

Fray Luis de León

domingo, 14 de agosto de 2011

Domingo 20º del tiempo ordinario

Is 56,1.6-7
Salmo responsorial 66
Rom 11,13-15.29-32
Mt 15,21-28

San Maximiliano Kolbe (un gran hombre -patrono de los comunicadores- que supo ofrecer su vida por la verdad, y que , en Auschwitz , diciendo nuevamente que sí a la verdad, ofreció su vida mortal a cambio de la de Franciszek Gajowniczek, un soldado polaco).

El comienzo de la Iglesia estuvo marcado por el discernimiento, en el concilio de Jerusalén, sobre esta cuestión: ¿Debían limitarse a Israel o era necesario salir a los gentiles?

De hecho, años antes, Jesús comienza su misión en la región de Galilea, fuera de Judea, que era el "reducto" de los elegidos: Un factor decisivo para ver clara esa decisión no fue sólo el proceso de un descubrimiento teórico o una profundización en el mensaje de Jesús, sino la misma cerrazón de los judíos al mensaje fue la que lanzó a los primeros cristianos fuera de sus fronteras y así comenzaron a predicar el Evangelio, lo que sirvió para testimoniar que los gentiles también son herederos de las promesas de Dios.

"Los extranjeros se han dado al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza" -dice el Señor-. Lo decisivo no es el origen, sino la respuesta a la invitación de Dios.

Vemos así que se pone de manifiesto que si gentiles y judíos no responden a Dios como corresponde, "Dios encerró a todos en la desobediencia para tener misericordia de todos". Con lo que se resalta que la salvación viene de Dios, de su misericordia...

El texto del evangelio es una alabanza de la fe de una mujer extranjera, que se acerca a Jesús a pedirle un milagro para su hija. Hay que destacar que esta mujer no pide para sí misma, sino para su hija. El amor nos hace estar pendientes de las necesidades de los demás, más incluso que de las propias.

Una enseñanza de las lecturas de este domingo podría ser que en nuestra fe lo decisivo no es el origen de cada uno (haber nacido en un país y en una familia católica), sino la apertura personal (la opción personal) que cada uno hace por Dios en su vida.

Aunque la misma tentación de exclusividad y cerrazón que tuvieron los primeros judeo-cristianos, la podemos tener nosotros hoy en día. Por eso el evangelio nos sigue avisando: Jesús es capaz de encontrar una gran fe en aquella persona que nadie sospecharía.

Los textos buscan mostrar cómo en los paganos de entonces se podían desarrollar también actitudes de profunda humildad, de respeto y de fe, y así nos invita también a nosotros a conocer mejor las maravillas que Dios hace en los corazones humanos que a veces "no están" , según dicen los textos exegéticos, en el camino que la Iglesia propone. Dios trabaja secretamente en todas partes, “por caminos que sólo él conoce” (Gaudium et Spes 22).

Benedicto XVI va a Madrid en la XXVI JMJ a recordarnos que estamos arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe. No lo debemos olvidar, en especial, los pueblos de occidente.
Gracias Pedro Crespo Arias por tus pinceladas exegéticas de "Mujer, que grande es tu fe".

Gracias por las ideas que me has dado de sustituir a la mujer cananea y poner en su lugar a todas las personas homosexuales que de una u otra manera (por muchos, aunque no por todos, gracias a Dios) somos excluidas en muchos casos de esas palabras que El Maestro Galileo tiene para nosotras.

Si Jesús tuvo ese gesto tan impactante con esa "extranjera" que sólo dio la fe que tenía en lo más profundo de su corazón, también nosotros, homosexuales creyentes, homosexuales católicos, te decimos que a pesar de todo sabemos que El Señor nos bendice, hace brillar su rostro sobre nosotros, para que en la tierra se reconozca su dominio, y su victoria entre las naciones... a pesar de que haya algunas personas que no lo ven tan claro.

Benedicto XVI va a Madrid en la XXVI JMJ a recordarnos que estamos arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe. No lo debemos olvidar, en especial, los pueblos de occidente; en especial: nosotros.

sábado, 13 de agosto de 2011

El Evangelio de Lucas según la Biblia Queer I

Las primeras tradiciones relatan que Lucas era compañero de Pablo, médico de una de las iglesias del apóstol, y su Evangelio puede considerarse como el desarrollo del Cristianismo Paulino en un mundo gentil, una generación más tarde. Lucas aborda una teología de un plan divino de historia de salvación en tres períodos: los profetas, el tiempo de Jesús y la historia del movimiento después de la Pascua. Su periodización teológica de la historia de la salvación saca el foco de atención de la inminente espera del fin del mundo y regreso de Jesús Cristo, a problemas serios: opresión y pobreza. Se retrata – más que cualquiera de los otros evangelistas – como un profeta hebreo, enviado al mundo para la salvación de todos y todas, judíos y gentiles (no judíos) Su intento es narrar cómo la salvación se extendió más allá del Judaísmo, hacia el mundo gentil. Este es el intento “queer” de Dios, el don incondicional de la salvación a todos/todas, la expansión de la salvación desde los heterosexuales a las personas “queer”.

Exploro el Evangelio de Lucas como lector de la resistencia – un exégeta activista, un pastor, un teólogo “queer”. “Queer” ha llegado a representar una fractura o transgresión de las categorías fijas. El erudito bíblico Halvor Moxnes utiliza el término “queer” como el mejor para caracterizar a Jesús: “Usar la palabra “queer” hablando de Jesús, describe sus radicales cualidades” (Moxnes 2003: 6) Esto es particularmente verdadero del Jesús que presenta Lucas. Este evangelista desestabiliza el mundo simbólico, volviéndolo del revés y transgrediendo los límites sociales, para crear una utopía “queer”, el reino de Dios. El profeta Jesús crea una alternativa, un mundo simbólico fuera del espacio o, en otras palabras, un universo “queer”.

Si Teófilo, amigo de Dios, era en realidad un patrocinador, un amante de Lucas, amigo, o una figura compuesta del lector, lo interpreto como la comunidad “queer”: frecuentadora o no de las iglesias, “normal” o “anormal”, gay o lesbiana, trasgénero, feminista, bisexual, intersexual y toda la variante de género y discriminados por su sexualidad. Es un escándalo: todos y todas son incluidos en la historia “queer” de la salvación de Dios en Jesús. Teófilo se presente como “excelente”, pues es un excelente amante, representa a la comunidad “queer”. “Teófilo” es un amante “queer” y leo a Lucas con la esperanza de que Jesús, el profeta “queer” inspirará a la Cristiandad del siglo XXI a abrazar al diferente en sexualidad y género, al minusválido y al marginalizado.

MARÍA: LA PROFETISA “QUEER” Y MADRE DE JESÚS

La tradición de nacimientos destacados era parte de la tradición de Israel y el mundo greco-romano. Las narraciones de Mateo y Lucas, sobre la infancia de Jesús, son productos de la reflexión cristiana hacia el fin del siglo I DC. Dios hace pedazos la normatividad del patriarcado heterosexual. Mientras las iglesias tradicionales leen este texto como el disminuido papel de las mujeres o la idealización de su subordinación, se revela la centralidad de las mujeres en la historia de la acción liberadora de Dios. El ángel Gabriel anuncia a María una comisión profética de que Dios está con ella, y que concebirá un niño, que será el Hijo de Dios. María aparece en contraste con Zacarías, un sacerdote rural y un hombre, cuya duda y vacilación lleva a Gabriel a dejarlo mudo. María, la profetisa “queer”, canta cómo Dios dará vuelta del revés a la sociedad, haciendo caer a los poderosos y elevando a los sencillos. La acción de Dios transformará al mundo en “queer”, poniéndolo cabeza abajo, pues María concebirá a un niño que revolucionará la sociedad (2:34)

La historia de María y el nacimiento de Jesús, se convierte en paradigma de empoderamiento “queer”, una historia de “auto-aceptación queer y un camino hacia nuestra creatividad en el nacimiento de la buena nueva de Cristo” (Bohache 2003:27) María acepta el mensaje como muchas personas “translesgays” reciben – en iglesias seguras – la noticia de que Dios está con ellos. Thomas Bohache escribe: “Para María, lo grande es la concepción de Cristo en su cuerpo. Para los “queers”, lo grande puede consistir en permitir que Cristo tome el lugar de Cristo en nosotros” (Bohache 2003:26) La María soltera, vive en una cultura donde es la propiedad sexual de su padre o de su futuro esposo, pues ella no tiene independencia dentro del judaísmo. María se convierte en discípula ejemplar, que responde activamente a la palabra de Dios. Es la aldeana, mujer que no puede entrar al templo, sin embargo, su estatus es exaltado sobre el de un sacerdote como Zacarías, que puede entrar al templo.

La idealización post-apostólica de la Virgen María robó a María de su humanidad y de su sexualidad. La teólogo Marcella Althaus-Reid describe cómo la historia de la concepción de Jesús se ha transformado en el “mito de una mujer sin vagina” (Althaus-Reid 2001ª:39) María es honrada por su no-sexualidad y su subordinación a un Dios masculino, y el mito se ha sacralizado en una “teo-ideología” que ha dañado y oprimido a las mujeres.

“María no es parte de la historia, ya que ha roto el nexo histórico de las mujeres como no-menstruando, concibiendo fuera de los reinos de la sexualidad y procreando por medios no-naturales…Ninguna joven piensa que quizás será tan humilde como para que Dios tenga sexo con ella” (Althaus-Reid 2001ª:43,54)

María tiene poco en común con las vidas y los cuerpos reales, eróticos de las mujeres. Los líderes eclesiásticos, hombres, han idealizado a María y la han convertido en un opresivo código sexual para las mujeres, vistiéndolas de niñas.

Althaus-Reid critica las ideologías de los conquistadores españoles, que emplearon a la dama blanca para subyugar a los pueblos indígenas de las Américas, y las mariologías “de vainilla” de las feministas. Si vamos a crear la María “indecente”, Althaus-Reid sugiere que la hagamos “María, la “Queer” del Cielo y Madre de los “Queers”, reclamando su sexualidad y reconectándola con la experiencia de las mujeres. De la misma manera, en su “Carta de Navidad 1941, el poet W. H. Auden escribe a su amante varón, Chester Kallman:

“Porque las madres tienen mucho que ver con tu ser “queer” y el mío,

Porque ambos hemos perdido a la nuestra, y porque María es un nombre;

Como esta mañana pienso en María, pienso en ti” (Mendelson 1999:182)

El ser “queer” permanece en el corazón de las historias sobre María.

Las subyacentes presunciones de heterosexualidad están cuestionadas. Althaus-Reid destaca: “Tener sexo con una mujer no puede ser tomado como una prueba de la heterosexualidad de Dios, ni tampoco el embarazo de María puede ser relacionado con las concepción heterosexual del ser mujer” (Althaus-Reid 2001a:67) Dios es “queer”, por haber trasgredido los límites de las tradiciones sexuales. No llega al sexo de penetración con María, sino que pone su sombra sobre ella. Dios es más indecente que el “Espermatogénico” Dios de los teólogos decentes, que justifican una ley natural heterosexista a través de la concepción de Jesús. En realidad, Dios es more cercano a los “queer”, los excluidos sexuales que rompen los códigos culturales de la decencia y la restricción sexual. Dios es un “queer”, ya que realiza la concepción de Jesús fuera de los límites de la religiosidad “vainilla”. Pero María también lo es, ya que las reglas de la heterosexualidad compulsiva descartan el placer sexual de las mujeres, subordinándolo al placer masculino.

“…ella (María) es la mujer que ha tenido “siete veces siete” placer sexual clitórico. Digamos que ella puede haber concebido por placer en su clítoris, por auto complacencia, quizás. De esta manera, el placer y el amor pueden haberse reunido en la misma forma que el amor y la solidaridad hacia la justicia, en la Teología Patriarcal de la Liberación, se han reconectado efectivamente”. (Althaus-Reid 2001a: 73)

Al restaurar la sexualidad de María, le brindamos libertad a las mujeres, porque ella rompe con su cultura patriarcal y la masculina heterosexualidad en la economía de la reproducción. Si un lector sostiene la exclusiva paternidad divina de Jesús, entonces, María hace “queer” la economía patriarcal, que entiende el cuerpo de la mujer como ajena a ella. Es libre para responder como una igual; tiene la propiedad de su cuerpo y permanece siendo una agente activa para hacer decisiones propias (Schaberg, 1987: 143) Elisabeth Schüssler Fiorenza anota que la liberta de María para elegir, modela “el derecho de las mujeres para elegir” (Schüsler Fiorenza 1994a: 169) La heteronormatividad teme a las mujeres independientes y a su libertad reproductiva. Como María, muchas lesbianas rompen la economía de la heterosexualidad compulsiva, eligiendo quedar embarazadas con una variedad de métodos.

Virginia Mollenkott entiende que la concepción virginal de Jesús debe tomarse literalmente, entonces, el nacimiento partenogenético significa que Jesús fue concebido cromosomícamente femenino. Cita un estudio realizado por un biólogo, Edward Kessal, quien observa: “El embrión femeno Jesús de la Concepción Virginal y Encarnación, se convierte en el infante doblemente sexuado del Nacimiento Virginal, que era un Cristo andrógino, que llevaba ambas identificaciones cromosómicas de una mujer y la anatomía fenotípica de un hombre”. (Mollenkott 2001: 105) Si Jesús era entonces intersexual, esto suprime todos las afirmaciones teológicas de esas iglesias que restringen la ordenación a los hombre, basadas en la masculinidad de Jesús. Mollenkott continua la interpretación tradicional de la concepción virginal, pero echa una sugerencia “queer” a las teo-ideologías que se refieren a María y a la masculinidad de Jesús. Si Jesús es intersexual, entonces, su género se convierte en problemático para esas iglesias que basan la ordenación en su masculinidad.

La Visitación se hace más realista cuando se coloca en el contexto de la ocupación romana y la violencia sexual. Una chica de 13 años, comprometida, embarazada, María, viaja “con premura” a buscar a otra mujer, su prima Isabel. En contraste con la tradicional interpretación de María deseando compartir su alegría, Schaberg (1987) destaca que la expresión griega “con premura” lleva la connotación de alarma, huida y ansiedad. Está sola, avergonzada y asustada, busca comprensión y apoyo de su prima. María corrió por su vida de la violencia patriarcal, ya que la pena por la seducción de una mujer comprometida era, en el peor de los casos, “el apedreamiento” o la más leve sentencia de divorcio. Elisabeth Schüssler Fiorenza comenta: “…es la joven embarazada, viviendo en territorio ocupado y luchando contra la victimización y por sobrevivir y por su dignidad” (Schüssler Fiorenza 1994a: 187) Thomas Bohache destaca que María encuentra seguridad al compartir su embarazo con su prima, también embarazada. Su prima le recuerda el mensaje anterior de Gabriel: “El Señor está contigo” y María canta una canción de liberación, para toda la comunidad “queer” y para todos los pueblos oprimidos, así como para todos los “queers” obligados a experimentar la vergüenza sexual. Así, la historia de una chica soltera, embarazada, sola, se convierte en un relato accesible a la experiencia de muchas mujeres pero también a la experiencia de las personas LGTB. Dios está con nosotros y Él dará vuelta la vergüenza cultural, trayendo vida y esperanza.

El nacimiento de Jesús llega después de un viaje difícil y no hay lugar en la posada. La madre “queer” tiene su parto en un establo:

“Una apreciación “queer” de la Navidad, es la comprensión de que Cristo nacerá, no importa cuán peligroso sea el viaje, no importa qué personas no nos reciban, una vez que hemos aceptado hacerlo nacer en auto-empoderamiento y la creatividad. Cristo nacerá. Muchas personas en el mundo, no sabrán que hemos “parido” a este Cristo; la mayoría continuará en sus cosas y en su opresión de los demás”. (Bohache 2003: 27)

La teología de Bohache sobre la encarnación afirma que los cristianos LGTB también hacen nacer al Cristo “queer” y necesitan manifestar ese Cristo a la comunidad “queer”. La natividad prefigura la futura fragmentación del Cristo “queer” en los cuerpos “queers” de sus seguidores.

EVANGELIO DE LUCAS / Robert E. Goss, en The Queer Bible Commentary. Traducción: M.C.R.P.

martes, 9 de agosto de 2011

Hacia una "pastoral homosexual"

Por Tomás Ojeda.

Quien pretenda encontrar respuestas al problema del origen, discutir sobre el concepto de normalidad y profundizar en las enseñanzas del Magisterio, se equivoca al leer esta columna: nuestro punto de referencia será la humanidad que subyace a la condición homosexual, la vivencia de personas, hombres y mujeres, con una historia y contexto que los hace únicos e irrepetibles. Esta columna pretende aportar al discernimiento de un modo cristiano de acogida y acompañamiento, que nos desafíe a dar pasos de mayor integración, apertura y encuentro con el otro.

Lo primero que habría que advertir son las resistencias personales que se activan frente al tema, los cuestionamientos a la propia sexualidad y los temores que surgen frente a conceptos y valores que quisiéramos proteger [matrimonio - familia]. Este primer ejercicio resulta fundamental, ya que las discusiones actuales sobre el matrimonio igualitario y el estatus social del homosexual, parecieran ser reactivas a temores que muchas veces no se transparentan, y terminan convirtiéndose en verdades sólidamente argumentadas. Así es la cuestión en contextos de Iglesia, más o menos conservadores, y con sensibilidades diversas según el tipo de carisma y/o movimiento. Muchas veces se piensa que la Jerarquía eclesial sería el principal obstáculo, sin embargo, dentro del laicado la situación pareciera ser aún desconocida, poco tematizada y relegada a segundo plano. En este estado de cosas, la homosexualidad pareciera ser incompatible con la experiencia de fe, y, de ser posible, estaría limitada a las exigencias del Magisterio.
 
¿Por qué esta situación no nos escandaliza de igual forma que las causas que asumimos al luchar por la justicia, la pobreza y la desigualdad?. ¿Por qué se le priva al homosexual del derecho a vivir su condición de manera digna, humana y plena?. ¿Por qué suponemos que Dios no celebra la existencia de hombres y mujeres que se reconocen como homosexuales?
 
Mucho se ha escrito sobre discriminación, derechos e igualdad; se discute sobre amor, sexo y matrimonio; se interpreta la Biblia y se proclaman grandes verdades sobre la naturaleza, el pecado y la voluntad de Dios. ¿Quiénes se pronuncian al respecto?. Por lo general, académicos, expertos en teología, ética y moral, políticos, psicólogos, Obispos y una extensa documentación estadística que se ajusta a hipótesis más o menos concluyentes con respecto a lo que se pretende demostrar. Limitando el asunto a lo que vivimos como Iglesia en nuestras parroquias, movimientos y comunidades, pareciera ser evidente que sólo se hable de homosexualidad desde el punto de vista del Magisterio, sin embargo, no ponderamos el hecho que, con ello, reproducimos un discurso que excluye y enjuicia la experiencia de Dios que pueda tener un sujeto que se reconoce como homosexual. El clero se encuentra en una posición incómoda respecto a lo anterior, y el laicado pareciera no reflexionar sobre la situación más allá de la "moral sexual".
 
Con todo, pareciera ser que la homosexualidad es una realidad invisibilizada y relegada al ámbito de lo privado: el catolicismo no tiene aún resuelta la cuestión en términos del trabajo pastoral que debe realizar con dichas personas. Si bien existen Encíclicas y Documentos Pastorales respecto a esto último, la acogida y el reconocimiento de la condición homosexual sigue siendo una dimensión que muchos/as calificarían como apostólica y de frontera, siendo que, en definitiva, lo que hace que el tema sea fronterizo es la misma Doctrina, la confrontación de la norma y la estructura con aquello que, en términos teológicos, se entiende como "signos de los tiempos". Mientras esto se discute, aumentan las distancias entre unos y otros, las odiosidades y "expatriaciones", aun cuando la experiencia de fe mantiene su viveza en medio de una "religiosidad" mal entendida.
 
En la medida en que nuestra experiencia de Dios se sostenga de estructuras dogmáticas rígidas y autosuficientes, la novedad y la diferencia que el otro represente, serán experimentadas como amenazas a un estado de cosas que me resulta cómodo y que me protege de todo cuestionamiento. Una fe que legitima el deseo y la inquietud, permite dialogar con lo doctrinal y sostener sus fundamentos en una experiencia genuina de encuentro personal con Jesús. Los homosexuales quieren vivir su condición en plenitud y de manera humana, con verdad y honestidad. Muchos/as puede que se sientan invitados/as a vivir su sexualidad en abstinencia, conforme al Magisterio. Sin embargo hay otros/as que no sienten dicho llamado, y aspiran a que la "Comunidad cristiana" les reconozca su condición de prójimos y hermanos. La homosexualidad no pone en duda nuestra fe ni atenta contra los valores que Dios también quiere para ellos. Si no reconocemos nuestras torpezas y temores, el otro siempre será un enemigo, una amenaza y un otro de segunda categoría.

lunes, 8 de agosto de 2011

PRIMER ANIVERSARIO

Es un motivo de mucha alegría dar a conocer que hoy, hace un año, se escribió el primer post en este blog. Se trató únicamente de la persignación. Pero qué mejor forma de iniciar un blog católico sino encomendándolo al nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Desde entonces, con esta ya van 213 entradas en las que hemos procurado compartir muy humildemente una reflexión sobre la Liturgia de la Palabra que nuestra santa madre la Iglesia nos regala cada domingo y algunas fiestas de guardar.

Hemos compartido oraciones, la biografía de algunos santos que por su vida y condiciones son considerados LGBT, para darnos cuenta que el Cielo también está abierto para nosotros. Hemos recibido la bendición de algunos obispos, cuestión de más importante, pues aunque de continuo hablamos sobre los deslices homófobos de nuestra jerarquía, rara vez ponemos de manifiesto las muestras de apoyo y los pequeños guiños que nos hacen hacia una Iglesia más incluyente, fruto, por supuesto, del Espíritu Santo.

En 2010, por estas fechas, el cardenal de Guadalajara arremetía despiadadamente contra todo lo que fuera gay en la República Mexicana, puesto que se estaban aprobando los matrimonios entre personas del mismo sexo en la Ciudad de México, D. F. Para mí era más que seguro que lo que el dijera iba a importar a muchos gays que como yo son católicos y los haría sentirse inseguros, y tal vez hasta desear acabar con sus vidas. Pero, también por esos días, estando en misa en el templo en que fui bautizado, justo después de haber comulgado, se me vino a la mente que podría escribir y hacer algo para ayudar a toda esa gente a conciliar su fe con su orientación sexual, tal como yo lo logré a través de un intenso y muy prolongado periodo de oración.

Desde entonces, regular e irregularmente aquí he estado, contestando los correos de todos aquellos que me escribían solicitando ayuda y consejo, deseando que sea el Dios mismo quien les contesta a través de mis dedos en el teclado. Y también recibiendo los ataques homófobos que no se hicieron esperar y solo ignorando los comentarios más groseros y publicando los más decentes, porque en este blog caben todos los puntos de vista, siempre que se manejen con respeto hacia el colectivo LGBTI.

En recientes fechas se unió a mí, como coautor del blog, nuestro hermano Diego, a quien agradezco la ayuda que me ha dado para exponer reflexiones de la palabra cuando mis ocupaciones y novedades en la vida me han quitado un poco del tiempo que suelo dedicar a esto.

Pero con todo, vamos a seguir escribiendo y poniéndonos a su servicio en este blog. Quiera Dios darnos las palabras y sabiduría necesarias para seguir poder diciendo lo que Él quiere que sepan. Y sirva este espacio para abrir una brecha en la intolerancia y poder tener dentro de poco o dentro de mucho Una Santa Iglesia Católica y Apostólica mucho más incluyente. Oren por nosotros hermanos, que nosotros oraremos por ustedes y así se hará manifiesta la comunión de los Santos en Cristo Jesús con la importantísima compañía de nuestra santa madre la Virgen María.

Paz y bendiciones.

domingo, 7 de agosto de 2011

19º domingo durante el año

PRIMERA LECTURA
1Rey 19, 9. 11-13
SALMO
Sal 84, 9-14
SEGUNDA LECTURA
Rom 9, 1-5
EVANGELIO
Mt 14, 22-33
Muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos tu salvación.

El Dios que se revela en Jesucristo pone del revés todo lo que el hombre religioso esperaría de Dios.
¡Que acostumbrados estamos de ver las maravillas de Dios entre la pompa y boato, entre celebraciones llenas de esplendor y majestuosidad! ¡Que bello todo eso que nos muestra a Dios en su Majestuosidad!
Sin embargo, sí, hay un pero, un pero que nos hace caer en la cuenta que en realidad es en la sencillez y en los pequeños detalles dónde éste Dios tan Grande y Poderoso se muestra y se da a conocer.
Porque Dios no se impone a la fuerza en la relación personal con el hombre y no necesita de esa fuerza para mostrarse, para entregarse.
El Dios que se revela en Jesucristo pone del revés todo lo que el hombre religioso esperaría de Dios; pone de revés todo lo que el hombre quiere creer de un dios que en realidad no es Dios; de un dios que muchas veces nos formamos a nuestro discurso (aun el que "copiamos" en el discurso ajeno) y no dejamos crecer ni creer desde la realidad que nos rodea; desde nuestra propia realidad. Aquí me detengo a pensar en las veces que hemos interpretado los textos Bíblicos o la misma realidad humana que nos rodea desde el discurso heterosexual, olvidándonos que -si no es visto desde lo humano- ese discurso, texto Bíblico,o análisis, poco nos dice a nosotros mismos, aún, siendo responsables de ello nosotros mismos.
Elías, quería imponer a la fuerza a Dios al pueblo de Israel. A Elías le gustaría que Dios fuese como él, demoledor con el enemigo, como aquel discípulo del evangelio que le pidió a Jesús que bajara fuego sobre una ciudad porque no se convertían. Sin embargo, Dios se le revela en el monte no como un viento huracanado, no como un terremoto, no como fuego, sino como una suave brisa. Dios no "arrasa" al hombre, le quiere y le perdona y espera que se abra a él libremente.
Dios no "arrasa" al hombre sino que le quiere y espera que se abra libremente a Él, aunque el resto de la sociedad, de la Iglesia (que por cierto la formamos todos los bautizados) niegue y reniegue de esa forma tan extraña que Dios tiene de amar a "esa gente" de vida tan extraña que para muchos ya están (estamos) condenados desde el vamos. Porque, acaso, ¿Dios puede llamar también a los gays a tener una vida plena, pero plena en serio y no "plena" según las conveniencias ajenas, según los temores y miedos ajenos?
Muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos tu salvación.

La escena de la «tormenta calmada» nos evoca la imagen de una comunidad cristiana, representada por la barca, que se adentra en medio de la noche en un mar tormentoso. La barca no está en peligro de hundirse, pero los tripulantes, llevados más por el miedo que por la pericia, se abandonan a los sentimientos de pánico. Tal estado de ánimo los lleva a ver a Jesús que se acerca en medio de la tormenta, como un fantasma salido de la imaginación. Es tan grande el desconcierto que no atinan a reconocer en él al Maestro que los ha orientado en el camino a Jerusalén. La voz de Jesús calma los temores, pero Pedro llevado por la temeridad se lanza a desafiar los elementos adversos.
Mientras Pedro miraba a Jesús y confiaba en él, podía caminar sobre las aguas, pero al poner su atención en la tormenta que lo rodeaba, comienza a hundirse.
Este episodio del evangelio nos muestra cómo la comunidad puede perder el horizonte cuando permite que sea el temor a los elementos adversos el que los motiva a tomar una decisión y no la fe en Jesús. La temeridad nos puede llevar a desafiar los elementos adversos, pero solamente la fe serena en el Señor nos da las fuerzas para no hundirnos en nuestros temores e inseguridades. Al igual que Elías, la comunidad descubre el auténtico rostro de Jesús en medio de la calma, cuando el impetuoso viento contrario cede y se aparece una brisa suave que empuja las velas hacia la otra orilla.
Nuestras comunidades están expuestas a la permanente acción de vientos contrarios que amenazan con destruirlas; sin embargo, el peligro mayor no está fuera, sino dentro de la comunidad. Las decisiones tomadas por miedo o pánico ante las fuerzas adversas nos pueden llevar a ver amenazadores fantasmas en los que deberíamos reconocer la presencia victoriosa del resucitado. Únicamente la serenidad de una fe puesta completamente en el Señor resucitado nos permite colocar nuestro pie desnudo sobre el mar impetuoso.
El evangelio nos invita a enfrentar todas aquellas realidades que amenazan la barca animados por una fe segura y exigente que nos empuja como suave brisa hacia la orilla del Reino.
Pongamos nuestros ojos solo en él y caminemos confiados sobre las dificultades.

La fe es capaz de mover montañas… y de hacernos caminar sobre el mar.

sábado, 6 de agosto de 2011

La carta a los Efesios desde una lectura queer

La Carta a los Efesios presenta un número de desafíos. En primer lugar, hay consenso general en que Colosenses y Efesios no fueron escritas por la mano de Pablo y datan de un poco después de su muerte, hacia el final del siglo I. Es una obra seudónima, escrita en nombre de Pablo. Parece ser que el autor es un judío helenístico cristianizado, quizás una minoría en una comunidad compuesta de gentiles y judíos cristianos. Las expresiones “tú una vez caminaste…” (2,2) y “nosotros también una vez vivimos en pasiones de acuerdo con la carne…” (2,3) hacen pensar en una perspectiva judía cristiana. El autor es probablemente de una iglesia paulina o fuertemente influida por él, y proporciona una interpretación comprensiva y sostenida de las enseñanzas de Pablo, más que Colosenses.
 
El manuscrito griego más antiguo de Efesios dice: “A los santos y fieles en Cristo Jesús” (1.1) Parece que posteriormente algún copista decidió localizar la Epístola, y agregó “en Éfeso” a “los santos”. En segundo lugar, la Epístola está escrita en un estilo diferente a las de Pablo, y además no aborda ningún problema social o comunitario en especial. La Epístola original fue probablemente enviada a un número de congregaciones en Asia Menor, porque su texto se dirige a una audiencia más amplia que una iglesia local y comparte con Colosenses un gran interés en la salvación universal, como una realidad presente. Efesios toma la forma de oraciones litúrgicas, himnos y exhortaciones, como un sermón.
 
Desde el punto de vista temático, la primera mitad de la Epístola considera a la Iglesia como una nueva comunidad, donde judíos y gentiles comparten igualmente las bendiciones de Dios, mientras la segunda mitad apela a la unidad de la Iglesia, a través de reglas cotidianas (5,21-6,9) y una Cristología que apoya una familia patriarcal y una iglesia patriarcal. Estas reglas están incorporadas en la Epístola. Hay otro grupo de reglas en Colosenses 3,18 – 4,1 y 1 Pedro 2,13 – 3,12. Estas son deberes patriarcales que se dirigen a maridos y esposas, hijos y padres, así como esclavos y amos.
 
Hacia el final del siglo I DC, muchas iglesias debían encontrar adaptación pacífica al imperio Romano, hasta el regreso de Cristo. Tomó forma una nueva visión del Cristianismo, abandonando el elemento radical del mensaje de Jesús, de cambiar el mundo y la traducción pauliana de este mensaje. Los primeros predicadores itinerantes como Pablo, destacaron que todos los cristianos estaban en pie de igualdad a través del bautismo (Gal. 3.28) y llamaron a la represión sexual o el ascetismo. Los cristianos fueron acusados de inadecuaciones sociales por sus adversarios culturales, ya que perturbaban el orden patriarcal greco-romano con su visión igualitaria de las relaciones familiares. Como la casa patriarcal era un microcosmos para el estado, los arreglos de igualdad entre marido y mujer, hijos y padre, esclavos y amos eran mirados como subversivos para el estado romano.
 
Escribe Elisabeth Schüssler: “La familia patriarcal era el núcleo del estado. La conversión de los miembros subordinados de la casa, que se suponía compartían la religión del paterfamilias, constituían una amenaza revolucionaria.” (Schüssler Fiorenza, 1983 2002:264).
 
Más aún, el gobierno patriarcal de la familia definía la masculinidad, y el imperio Romano estaba basado en la afirmación fuerte de la masculinidad claramente definida, en el paterfamilias y su fuerza y poder dentro de la casa.
 
Dice Jennifer Glancy: “Presidir la casa requería que las mujeres, niños y esclavos manifestaran apropiada sumisión, así como las otras virtudes que prometían el buen orden individual y social”. (Glancy 2003:265)
 
Estos códigos familiares en Colosenses y Efesios son de segunda y tercera generación, en cuanto se refiere al Cristianismo. En general, estos cristianos dejaron de creer que el fin era inminente, y comenzaron a crear reglas para funcionar en la familia. Estos códigos patriarcales, adoptados por varios escritores de Epístolas Cristianas en Asia Menor, trataban de probar que los cristianos eran socialmente respetables y libres de las impropiedades sociales en cuanto a la clara definición de los roles y jerarquías caseras. En el capítulo sobre Colosenses, Tom Bohache considera, correctamente, que la Espístola es una pieza de propaganda patriarcal de segunda generación. Bohache toma una hermenéutica de abordaje sospechoso para definir su carácter patriarcal, como propio de una exclusiva dominación masculina en la iglesia, como se revela en Colosenses. Efesios cae en el mismo tipo de propaganda patriarcal, y algunas lecturas textuales de los códigos familiares, hechas por cristianos fundamentalistas, propagan un Cristianismo violento y agresivo, al afirmar el control patriarcal sobre sus esposas, y la Iglesia Romana, al prohibir el ministerio a las mujeres. ¿Puede la Epístola dirigirse a las comunidades cristianas queer, que no tienen esa toxicidad patriarcal?¿O ella debería ser sacada del canon, como una nota no afortunada en la historia cristiana?
 
Personalmente, me gusta la primera mitad de la Epístola a los efesios, donde el autor usa la Cristología para proporcionar una reconciliación social, teológica y litúrgica entre cristianos gentiles y judíos. Emplea una alta Cristología con el propósito de la inclusión cristiana, aunque no habla de la relación entre cristianos y no-cristianos. Es a esta parte de la Epístola a la que recurro, para una lectura queer, para poner el texto del revés y leerlo como un texto que nos da un mensaje que podría ser significativo para los cristianos queer del siglo XXI.
 
Así, las comunidades cristianas queer no deberían evitar este texto y sus dificultades patriarcales, sino leerlo como una advertencia: cuando la visión igualitaria del movimiento de Jesús se desvanece y el deseo de acomodarse a la cultura romana se transforma en una estrategia y un objetivo. ¿Hay algo que podamos aprender en el siglo XXI?
 
El contexto social de los Efesios.
 
Hacia fines del siglo I, el mensaje de Jesús sobre el Reino de Dios se transformó en un estado espiritual, accesible a través de ritos y códigos familiares. Hay un número de fragmentos de versículos que indican un origen de prácticas litúrgicas de los cristianos. Incluyen himnos, oraciones de acción de gracias y alusiones al bautismo y experiencias visionarias. Desde estos fragmentos litúrgicos, el autor refleja una Cristología emergente que percibe a Cristo como una figura cósmica, que es uno con Dios Padre, Salvador universal y cabeza de la Iglesia.
 
Para muchos cristianos de segunda y tercera generación, el imperio Romano no era ya considerado como enemigo. Con los emperadores Flavianos y sus reformas administrativas, el imperio Romano se consideraba desde una luz positiva. Horsley y Silberman escribe acerca del cambio de visión sobre el imperio: “…tan distinta fue la aceptación eventual del imperio, que la imagen de Cristo se transformó lentamente desde un rey alternativo a un emperador modelo, que presidía un gobierno en el cielo y mostraba como ejemplo cómo las cosas deberían ser en la tierra. Una nueva generación de líderes cristianos aceptaron y creativamente adaptaron los elementos principales del medio imperial dominante a sus propios fines espirituales. (Horsley y Silberman 1997:225).
 
La noción de rey universal se convirtió en la metáfora dominante para el Cristo cósmico cuya regla traería paz y unidad. Es la Pax Christi, que se convierte en paralela a la Pax Romana. Cristo trae reconciliación, unidad, amor y paz sin la fuerza del poder y las armas militares. Es la gracia de Dios en la muerte de Jesús, que provoca la creación espiritual de la Iglesia.
 
Efesios habla a una situación encontrada en Hechos y l Pedro, donde las comunidades estaban formadas por mayoría de gentiles y una minoría de judíos titubeantes (MacDonald 2000:19). El mal del término “gentil” está descripto en términos fuertes (2,1-3 y 4,17-5,20; 6,10-20) y Margaret MacDonald afirma que la iglesia en Efesios es una comunidad introvertida “que desarrolla un sentido muy fuerte de separación del mundo exterior”. La Iglesia se ocupa de la identidad comunitaria en el mundo, los límites sociales con los gentiles y dar la batalla al mal del mundo. Morar en Cristo permite a los creyentes escapar, en parte, del mundo social a un mundo espiritual gobernado por Cristo; sin embargo, sus casas están integradas en el mundo greco-romano del Asia Menor. Hay simultáneamente una fuerte ansiedad, en cuanto a cómo los cristianos se ajustan al mundo cultural del imperio Romano cerca del siglo I DC. John Elliott delinea el contexto social en el Asia Menor para la comunidad de 1 Pedro: “Era la época en que la expansión del movimiento Cristiano en Asia Menor y su visibilidad creciente como una entidad socio-religiosa distinta estaba siendo contemplada con sospecha, miedo y ansiedad. Extendido a través de todas las provincias al norte de Taurus, la secta había atraído tanto al sector rural como a los elementos urbanos de la población, antiguos judíos así como un número predominante de paganos. Viviendo en el margen de la vida política y social, estos “paroikoi”, “residentes foráneos” sin duda habían visto en este nuevo movimiento de salvación, una nueva oportunidad para la aceptación social y la mejor en sus economías. Como venían de los estratos ya sospechosos de extranjeros, residentes foráneos, y clases inferiores, sin embargo, estos seguidores de Cristo solo ganaron más desdén por la religión exótica que abrazaran. Esporádicos movimientos locales de depredación y abusos habían llevado a los sufrimientos de estos cristianos aquí, como en otras partes del mundo. (Elliott 198l: 83-4).
 
Los cristianos eran percibidos como ateos, sin Dios, por su rechazo a participar en el culto del estado (la adoración del emperador) y de subvertir el tejido social del imperio romano por corrupción familiar. Ellos subvertían las reglas patriarcales en su conversión al Cristianismo y no continuaban fieles adherentes a la religión del jefe de la familia. Los cristianos predicaban la igualdad de todos los creyentes ante Dios a través del bautismo. El Cristianismo predicaba la igualdad entre judíos y gentiles, hombres y mujeres, esclavos y amos, en sus ritos bautismales y su proclamación de un evangelio inclusivo de gracia. La visión de Jesús promovida por Pablo, predicaba un mensaje de renunciación sexual.
 
La Paz de Cristo: Paz y Unidad entre Gentiles y Judíos Cristianos.
 
La tensión entre los creyentes judíos y los gentiles persistió a través del siglo I, y MacDonald especula que 2,11-22 se dirige a una comunidad entonces dominada por gentiles y una minoría de judíos (MacDonald 2000:19). Puede reflejar la situación social de muchas comunidades cristianas en Asia Menor, hacia el final del primer siglo.
 
El etnocentrismo aliancista del Judaísmo era ocasión de otredad en los gentiles, pues ellos no tenían la marca de la Alianza: la circuncisión. A través de ella, la masculinidad judía era auto-definida. El autor habla de los gentiles sobre y contra la comunidad y les adjudica poderes del mundo y de entes inferiores. Toma el lenguaje de la angelología y la demonología para describir la relación y la distancia social entre la comunidad de la Alianza y los gentiles, pues Cristo “es nuestra paz; en su carne ha hecho de ambos grupos uno solo y ha roto la pared divisoria, o sea, la hostilidad entre nosotros” (2,14). La muerte de Cristo ha puesto fin a la hostilidad entre los gentiles y los cristianos judíos, y los gentiles son ciudadanos con los santos y los miembros de la casa de Dios (2,19).
 
El autor utiliza las nociones primeras de Pablo sobre la igualdad en Cristo, pues la muerte de Jesús ha removido las barreras entre judíos y gentiles, haciendo de ellos una comunidad unificada. La ley judía, que distinguía y dividía a los judíos de los gentiles, fue transformada en irrelevante por la cruz, y Cristo así reconcilió ambos grupos entre sí y con Dios (2,14-16). De acuerdo con Efesios, la existencia humana está amenazada por la influencia malévola de los seres demoníacos. Cristo nos ha dado poder sobre ellos, y a través de la gracia de Dios, los seres humanos pueden liberarse de sus influencias inmorales y engañosas. La nueva vida de los creyentes es una vida de conocimiento y poder espiritual, y así, se da el recurrente contraste entre la vida vieja y la vida nueva (2, 1-6; 11-13; 19, 4-22 – 4; 5-8).
 
En un momento en que las iglesias Cristianas excluyen a personas y se dedican públicamente a prácticas agresivas y violentas, el autor de Efesios comprende que el evangelio es un mensaje de paz e inclusión. El legado de Jesús a su comunidad, es no-violencia e inclusión. Esto me habla profundamente de un ministerio queer para grupos marginados por la Cristiandad; gente del cuero, transgénero, travestis, gay y lesbianas, familias constituidas por ellos y ellas y otras configuraciones que no entran fácilmente en la sociedad. Yo visualizo y he trabajado para crear una comunidad tan diversa que refleje el Evangelio de Jesús, de paz y la realización de cada uno signifique la imagen de un Cristo resucitado. Él ha muerto para ser individualmente reflejado en la infinita diversidad de las personas, y el Evangelio no homogeiniza sino que une toda esa no-conformidad y diversidad en la visión del Cristo cósmico. Esta puede no haber sido la intención total del autor de Efesios, pero siempre hay un “surplus” de significación en el texto, que el autor no ha pretendido dar conscientemente. El amor no violento de Cristo permite una práctica de inclusión radical, enraizada en una paz a través de la muerte de Jesús el Cristo.
 
¿Pueden las iglesias queer convertirse en inclusoras, tanto como para incluir cristianos heterosexuales? Desde mi propio ministerio, apoyado en el Evangelio de paz e inclusión radical, afirmaría yo tal posición para las iglesias queer, que se abrieran y se transformaran en genuinamente queer, siendo totalmente inclusoras. Esto está más allá de lo que hacen algunas iglesias comunes, que acogen a personas queer, pero no bendicen sus uniones ni ordenan abiertamente a candidatos queer. El autor afirma: “En él la estructura total se une y crece hasta ser un templo santo en el Señor, en quien tú también estás construido espiritualmente en un lugar de morada para Dios (2,21).
 
Integrarse en la sociedad ¿a qué costo?
 
Más que abogar por una completa renovación de las relaciones familiares basadas en la vida, el perdón y la sumisión mutua, sin embargo, la Cristología del autor se utiliza para justificar teológicamente la estructura y las obligaciones de la antigua familia patriarcal greco-latina (5,22-6,9) Parece que las comunidades cristianas al final del siglo I (y el autor de Efesios, en particular) adoptaron los códigos familiares del mundo greco-romano, sea como una estrategia de supervivencia o al menos como estrategia defensiva contra sus críticos de fuera (Tanzer 1994; 330). La igualdad y unidad de judíos y gentiles cristianos en Cristo es calificada por estos códigos familiares. Estos códigos instruyen a los cristianos “para llevar una vida digna de aquello para lo que fueron llamados” (4,3).
 
La comunidad entera se percibe como una familia, y los creyentes son los hijos de Dios (5,1-8, 1-15). En 5,22 y siguientes, los grupos subordinados (esposas, hijos y esclavos) están destacados en primer lugar, mientras el grupo dominante (esposos, padres y amos) están colocados en la posición superior: “Estén sujetos unos a otros por respeto a Cristo (5,23). Este es un consejo preliminar a una familia cristiana. El autor de Efesios adapta las reglas de la familia a la iglesia, para las parejas, familias, esclavos y amos cristianos, pero modifica (5,21-23) “reemplazando la jerarquía y dominación patriarcal con el mandamiento cristiano del amor, para ser vivido de acuerdo con el ejemplo de Cristo” (Schüsler Fiorenza 1983:2002). A los esposos se les ordena amar a sus esposas por tres veces (5,25,28,33) mientras que se instruye a las esposas para que se sometan a sus esposos.
 
El autor presenta una plataforma de “valores familiares tradicionales” greco-romanos, que atraerían a los greco-romanos de fines del siglo I. Los valores familiares en 5,22-33 llaman a los creyentes cristianos a cumplir e ir más allá de los códigos familiares en su conducta ética. Peter Brown ha escrito cómo Efesios abandonó el tono helado de la renunciación sexual de 1 Corintios, pero centró las relaciones maritales dentro de la sociedad y el universo. La imagen de Cristo y la Iglesia “proporcionó a los cristianos una imagen de orden inquebrantable que el mundo pagano podría comprender. En la iglesia, como en la sociedad, el acuerdo en una pareja casada se hacía para soportar el peso abrumador de expresar la armonía ideal de una sociedad entera (Brown 1988: 57).
 
Mientras el autor habla de los apóstoles, evangelistas, profetas, pastores y maestros (4,12) curiosamente ni pide a la comunidad que se subordine a los líderes en una jerarquía patriarcal, ni afirma que los líderes representan a Dios. Ellos están exentos de las reglas jerárquicas de la familia.
 
Lo que es relevante en Efesios es la trayectoria de las comunidades paulinas, incultadas en el imperio Romano. En lugar de construir nociones emancipadoras de las mujeres en el mundo greco-romano o primeras nociones del discipulado de iguales, el autor de Efesios elige códigos patriarcales y restricciones para las mujeres. Este es un claro paso a desarrollarse en la patriarcalización de la Cristiandad en el siglo II, en que una jerarquía clerical masculina comienza a reemplazar la primera igualdad comunal de género.
 
El autor combina la noción paulina de novia/novio (2 Cor. 11,2) con los códigos familiares y una ética del amor. La relación Cristo - Iglesia se transforma en el modelo para la relación esposo-esposa. Se utiliza la Cristología para reforzar la sumisión de las esposas a sus esposos. El “encabezamiento” de Cristo se asemeja al liderazgo patriarcal del emperador Romano sobre la familia del imperio. Esta metáfora de Cristo “cabeza” es un modelo opresivo que ha sido tradicionalmente usado para exaltar el liderazgo de una casta clerical masculina, sobre los laicos no-ordenados y la dominación masculina sobre la mujer en el matrimonio. Aunque el ejemplo del sacrificio de Cristo y su amor incondicional por la Iglesia se convierte en el modelo, nunca ha tenido una fuerte interpretación en la Cristiandad. La erudita feminista Elisabeth Schüsler Fiotenza evalúa el código familiar cristiano: “En general, sin embargo, el autor no es capaz de cristianizar este código. El “evangelio de paz” había transformado la relación entre gentiles y judíos, pero no el papel social de esposas, hijos y esclavos dentro de la familia de Dios. Por el contrario, las estructuras culturales de dominación de la sociedad se han teologizado y por tanto reforzado” (Schüsler Fiorenza 1983 (2002:270).
 
Durante 900 años, la Iglesia patriarcal ha leído este pasaje para destacar el orden jerárquico de esposos sobre esposas y le ha dado justificación teológica. Creo que ignoró el potencial radical del modelo del amor de Cristo por la Iglesia. Una lectura queer puede reabrir el potencial del amor de Cristo por la iglesia y destruir el modelo de la dominación patriarcal.
 
El Cristo Queer y el Cuerpo de Cristo.
 
Virginia Mollenkott anota que Efesios pinta colectivamente a todos los creyentes como la novia de Cristo (Ef. 5, 25-27) y miembros del cuerpo de Cristo (5,30). Escribe: “Si se asume que el cuerpo de Cristo es masculino, entonces las mujeres, al ponerse a Cristo como si fuera una vestimenta, están retratadas como ellos/ellas andróginos/as o travestidos/as. Y si el cuerpo de Cristo se asume como un cuerpo masculino (como las estructuras de poder de muchas iglesias todavía parecen hacer) y la iglesia se asume como femenina (como en algunas, los números de los bancos parecen mostrar) entonces la iglesia misma es un él/ella entidad trasgénero. Más todavía, como los hombres en Efesios son llamados “novias de Cristo” – y por extensión todos los hombres cristianos son llamados así – entonces, el Nuevo Testamento ha usado el imaginario de un matrimonio del mismo sexo en el cual un varón Cristo se casa no solo con mujeres cristianas, sino con millones de hombres – novias (Mollenkott 2001: 110).
 
Mollenkott destaca lo obvio, pero las jerarquías cristianas han cegado a los lectores, reconociendo la naturaleza trasgénero de la Iglesia como la novia de Cristo o como el cuerpo de Cristo. Ella concluye: “este género bíblico debería entusiasmar a aquellos que toman en serio la Escritura, para volverse menos rígidos en cuanto a las identidades de género, roles y presentaciones” (Mollenkott 2001: 112). En un aspecto similar, la teóloga lesbiana Elizabeth Stuart anota cómo ella se estremecía cuando Efesios 5,21-23 era leído en bodas heterosexuales y cómo un artículo del teólogo Gerard Loughlin ha transformado su reacción a este pasaje de trágico en cómico. Escribe Loughlin: “Las lecturas heteropatriarcales de este texto…se ahogan en las aguas más profundas del simbólico cristiano, pues desde que las mujeres son miembros del cuerpo, ellas también son llamadas a ser Cristo para los demás; de modo que ellas también deben actuar como “novio” y “esposo” para la “novia” y “esposa” del otro, ya sea un hombre o una mujer. Porque no se puede decir que dentro de la comunidad solo los hombres son llamados a amar como Cristo lo hace…(Stuart 2000: 32).
 
Stuart se toma en serio las imágenes queer de un Cristo trasgénero; un hombre con un cuerpo femenino y la Iglesia representada como un cuerpo de mujer con una cabeza de hombre (Stuart 2000: 32; 2003: 111) Mollekott y Stuart han tomado y destacado las entrelíneas de Efesios 5,21-30 tan fácilmente ignorados durante siglos por las lecturas patriarcales. Lo que tenemos es un texto que puede ser usado para justificar los matrimonios del mismo sexo y trasgénero. Se espera que las mujeres actúen como Cristo, a través del rito del bautismo, pues se identifican como novios y esposos que aman a sus esposas. Los hombres deben actuar como Cristo y amar a trasgéneros mujer a hombre esposos/novios. La solidez de las identidades del género cristiano se licúa en primer lugar a través del rito sacramental del bautismo, en que el creyente refleja y vive a Cristo. La parodia de una lectura queer realmente saca a luz la intención plena del texto Efesios 5,21-30. La Cristología realiza su último potencial queer en un Cristo trasgénero – lleno de identidades fluidas. (Goss 2001:170-182) Con tal lectura queer la exhortación a amar a tu esposa como Cristo ama a la Iglesia, puede cristianizar la familia exitosamente.
 
Familias Queer
 
Estas familias son totalmente diversas (Goss y Strongheart 1997), desde relaciones del mismo sexo (parejas), familias extendidas, relaciones polimórficas, relaciones comunitarias, a familias amo/esclavo. Ciertamente, las reglas para matrimonios se han limitado a parejas, matrimonios heterosexuales, hasta hace muy poco. Una lectura queer del texto, permite la fluidez de género. Si la imagen de la novia como “santa y sin mancha” (5,27) se refiere al rito bautismal como muchos eruditos creen, encontramos una confusión de imágenes. El bautismo, desde los primeros tiempos de Pablo, fue comprendido como la identificación con el Cristo resucitado, por muchos hombres y mujeres diversos. Pablo afirmó rotundamente: “Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí” (Gál. 2,20) De la misma manera, el cuerpo de Cristo o la Iglesia es una entidad corporativa, que consiste en innumerable cantidad de hombre, mujeres, individuos intersexuales y trasgénero, bautizados, que tienen a Cristo viviendo en ellos. Con la composición fluida en cuanto a género del cuerpo de Cristo, la novia y el novio se transforman a través de metáforas queer, con increíble elasticidad y fluidez de género. La variedad de hombre y mujeres que reflejan a Cristo y al cuerpo de Cristo, permite configuraciones queer de las relaciones: maritales del mismo sexo, poliamorosas, y comunitarias.
 
Mark Jordan ha notado cómo el miedo al exceso agápico ha limitado la teología de las relaciones maritales, y cómo la relación queer puede impactar en esta teología cristiana: “Las relaciones queer, como se presume que son “abiertas”, destruyen el matrimonio cristiano en este sentido, como destruyen las ficciones acerca de lo que se ha logrado. El principal resultado teológico del matrimonio cristiano, se supone que soluciona la antigua enemistad entre Eros y Ágape, concediendo un título restringido a Eros, dentro del campo universal de Ágape: Puedes ejercitar a Eros, siempre que lo hagas con el mínimo de otras personas – es decir, una. Aumentar este número mínimo, lanza este arreglo a la duda”. (Jordan 2005: 166).
 
El deseo queer y las relaciones desordenan la prolijidad del matrimonio patriarcal cristiano.
 
El matrimonio ha sido una institución patriarcal – una relación de los dos géneros, jerárquicamente ordenada por las iglesias y reconocida legalmente. Con el advenimiento de las uniones y matrimonios civiles del mismo sexo, ha habido una “corrida” de muchas personas queer, a luchar por un matrimonio con igualdad de derechos. La comunidad de Efesios trató de adaptarse a la sociedad greco-romano, adoptando los códigos familiares patriarcales. Incluso la tentativa del autor para cristianizar los códigos familiares con el modelo del amor de Cristo por la Iglesia, justificación patriarcal para la Iglesia y la jerarquía del matrimonio, se convirtió en normativa por siglos, hasta hace poco. ¿Hay aquí una advertencia para la comunidad cristiana queer? ¿Podemos adaptar el modelo de matrimonio y retener la mutualidad, igualdad, flexibilidad y beneficios legales y privilegios para el matrimonio, sin sacrificar nuestras creencias creativas acerca de las relaciones, las familias y las relaciones íntimas? ¿Podemos admitir y apoyar otro estilo de relaciones, tal como nuestra lectura queer de Efesios parece afirmar?
 
THE QUEER BIBLE COMMENTARY
Autor del texto: Robert E. Goss
Traducción : MCP.
Diversidad Cristiana.